La sonrisa de Almendralejo, o Almendralejo vuelve a sonreir

24 de junio de 2018. Una fecha que quedará marcada en rojo para siempre en la memoria de miles y miles de aficionados azulgranas. Un estallido de júbilo hizo retumbar las entrañas de Cartagonova y las lágrimas de alegría de los desplazados inundaban el graderío visitante albinegro. No es para menos. Con el pitido final del encuentro, no serían pocos los aficionados que recordarían con nostalgia aquel verano de 2010, cuando su CF Extremadura perdía la vida tras una mala gestión que le había empujado hasta las fauces de la Primera Regional extremeña. Aquel pitido significó mucho más que el punto final de un partido de fútbol, incluso mucho más que un ascenso de categoría. Esa simple acción reducía a cenizas la losa que portaba en mayor o menor medida la hinchada azulgrana desde aquel fatídico verano y satisfacía el hambre de toda una comunidad, y es que Extremadura no contaba con un equipo en el fútbol profesional español desde que el Badajoz disputase la categoría de plata en la temporada 20002/03, es decir, más de 15 años de sequía.

El camino hasta ese momento no había sido para nada fácil, como de costumbre en este complicado mundo como es el fútbol.

El Extremadura UD se creó en 2007, cuando el CF Extremadura comenzaba a entrar en estado crítico, para terminar tomando su relevo en forma de refundación en 2011. El panorama parecía volver a tomar color, pero la “pelotita” decidió que esta nueva etapa del club de Almendralejo tenía que pasar por el taller antes de saltar al ruedo. Y así fue. Más de 5 años en el barro de tercera división fue el peaje que pagó el Extremadura UD antes de volver al lugar que, como mínimo, merece un club y una afición de su talla.

La vuelta a 2ªB no podía empezar peor. 14 puntos en las primeras 18 jornadas parecían empujar hacia el precipicio al club azulgrana, pero un giro de timón tanto en los despachos como sobre el césped hizo transformar lo que comenzaba a tener cara de drama irreversible en un auténtico milagro futbolístico. Aires de ilusión volverían a sacudir los cimientos del Francisco de la Hera con la llegada de nuevos jugadores y sobre todo, con el desembarco en el banquillo de una figura clave en la historia contemporánea del modesto club de Almendralejo. Juan Sabas. El técnico madrileño exprimió al máximo un plantel que hasta la fecha se había mostrado débil, convirtiéndolo en un bloque férreo al que pocos equipos consiguieron meterle mano durante aquella segunda vuelta. Toni Doblas puso el candado en la portería; la experiencia de Aitor Fernández y Zamora fueron clave para levantar una sólida muralla defensiva; el motor del equipo dejó de ser el de un tractor en las últimas para convertirse en el de un Formula 1  con la aportación de hombres como Fall, Javi Pérez o un Pierre Kunde que ya comenzaba a hacer de las suyas por los campos del grupo cuarto de 2ªB; arriba, serían clave la aportación de Bruno Montelongo como revulsivo y los goles del que, a día de hoy, es un ídolo entre la afición azulgrana, Willy Ledesma. Todo este cóctel de valientes condujo al Extremadura UD a lograr una salvación histórica, certificada en la penúltima jornada tras doblegar al Sanluqueño en un Francisco de la Hera lleno hasta la bandera. Milagro consumado. Lo mejor estaba por llegar, lo que nadie pensaba es que fuera a llegar tan rápido.

Toda la energía positiva creada alrededor del club en el tercio final de la pasada temporada continuó en la nueva campaña. Miles de azulgranas se alistaron en las oficinas del Francisco de la Hera para renovar o adquirir sus abonos con la ilusión por las nubes. La exigencia para no defraudar a todos estos valientes era alta, y así lo hizo ver el club desde el primer momento. Juan Sabas era destituido antes de comenzar la liga por discrepancias con la directiva y Agustín Izquierdo sería el encargado de pilotar la nave azulgrana. La paciencia brilló por su ausencia y el técnico murciano pasaría por la guillotina en la jornada 9, con el Extremadura a 3 puntos del líder. Llegaría el turno de Manolo Ruiz, con el que la estabilidad duraría algo más. El trabajo del gaditano al frente del equipo fue de notable alto, de hecho, el equipo se mostró un escalón por encima de la categoría en varios encuentros, pero lo deportivo pasó a un segundo plano y tras golear por 4-0 al Écija, Manolo Ruiz correría la misma suerte que sus antecesores. De nuevo, vacante en el banquillo y casting para elegir al nuevo comandante. Rafael Martín Vázquez entraría en escena pero su periplo por el banquillo de Almendralejo sería un fracaso con mayúsculas y a falta de dos jornadas, salió volando cual buitre de tierras extremeñas. El Extremadura estaba a falta de 180 minutos fuera de la promoción de ascenso a La Liga 1|2|3 y el equipo llegaba al sprint final con 4 derrotas en los últimos 5 partidos por lo que la preocupación dentro de la cúpula azulgrana era más bien alta. Las cuentas eran claras, con dos triunfos eran equipo de play-off, pero debían encontrar un técnico que conociera a la plantilla y fuera capaz de asestar un golpe sobre la mesa para levantar el vestuario y hacer creer al equipo en que todo estaba aún en sus manos. Juan Sabas era el elegido. El resultado de la decisión, inmejorable. Clasificación para el play-off y dos rondas superadas para llegar al punto con el que empieza el artículo, ese pitido final que hizo muy feliz a tanta gente.

El Extremadura UD militará este nuevo año en La Liga 1|2|3 y cada domingo, prácticamente un tercio de la población de Almendralejo se citará en el Francisco de la Hera con la ilusión de la primera vez. Bendita locura.

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