Real Zaragoza, orgullo de León 

Pocos zaragocistas serían sinceros si afirmasen que al descanso del encuentro de su Real Zaragoza ante el Albacete Balompié estaban satisfechos. Si reconociesen que esperaban terminar el encuentro sin caer derrotados. Sin embargo, sucedió. Y lo hizo por fe. Por convicción. Por muchos factores pero por encima de todos lo hizo por orgullo. El orgullo del León.

Levantarse ante la adversidad

Y es que aquella primera mitad fue una continuación de lo que el equipo blanquillo había vivido en las dos jornadas anteriores. Ante la UD Almería y el CD Lugo los de Idiakez emitieron señales de alerta. Y ante el “queso mecánico” todo indicaba que nada había cambiado.

Real Zaragoza

Un equipo sin alma, superado por completo, sin recursos. Irreconocible, en caída libre. Muy lejano de aquel Real Zaragoza que se mostró en las primeras jornadas y que ilusionaba a todo el zaragocismo. Casi sin dignidad.

Pero se levantó. Y lo hizo recuperando las virtudes que se le presuponían tras su arranque liguero. El regreso de Eguaras a la medular, además, provocó que por momentos incluso mejorase esa versión de hace escasas semanas. Una demostración de garra, una explosión de orgullo.

Una reacción que conduce de nuevo a la esperanza

Un paso adelante que provocó una reacción forjada línea por línea. Arriesgando atrás, pero con fe y convicción. Cómo si el paso por vestuarios hubiese transformado al equipo.

Real Zaragoza

Eguaras ponía el criterio, Zapater la pasión, Javi Ros y Pombo la profundidad. Alberto Benito y Lasure ensanchaban el campo y el conjunto maño dominaba todos los aspectos del juego. Pese a la resistencia manchega, fue inevitable que tal vendaval acabase en final feliz. Los tantos de Marc Gual y Álvaro Vázquez nivelaban el encuentro.

La corona vuelve a posar sobre la cabeza del León 

Pero ante todo, el segundo acto en el Belmonte supone para el Real Zaragoza la recuperación de la identidad. La corona posada de nuevo sobre la cabeza del León. La dignidad recuperada, como la fe en un proyecto y un equipo concebidos para la gloria. Un halo de esperanza. No subestimen al León.

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