Todo cambia, nada permanece

Heráclito enunció en el siglo XVII a.c. aquello de “todo cambia, nada permanece”. Un pensamiento que varios siglos después se puede aplicar en esta locura llamada fútbol. Y es que este deporte es una montaña rusa de emociones; lo que un día es alegría, se transforma en cuestión de semanas en apatía y hundimiento. Lo que parece ir bien encaminado, puede sufrir un pequeño traspiés que a la larga se convierta en un tropiezo de categoría. Aquello en lo que has puesto esperanza y fe ciega puede generar un nivel de dudas que termine haciéndote ver la más cruda realidad. A veces todo es capaz de cambiar en cuestión de segundos. Fútbol.

El fútbol esta jornada ha cambiado la vida de una persona que hace escasos meses aceptaba el que iba a ser el reto de su vida. Lo hacía repleto de ilusión y con el convencimiento de que nada podría salir mal, y en el caso de que así fuera, podría levantarse con más fuerza. Bien, no ha logrado levantarse, ni él, ni su ilusión hecha equipo. Con más pena que gloria, Imanol Idiakez ya es historia en el Real Zaragoza. “¡Maldita sea la cabeza de Bryan Acosta!”-pensará con remordimiento el de San Sebastián.

Un inicio esperanzador y una caída libre

El técnico vasco fue el elegido por la dirección deportiva para reemplazar la delicada y traicionera baja de Natxo González. Una apuesta por dar continuidad al modelo de juego que estuvo a una eliminatoria de dejar a los blanquillos en la élite, aunque con un toque más alegre y ofensivo. Las primeras impresiones convencieron al respetable. La nave dirigida por Imanol venció al Rayo Majadahonda en su estreno, cosechó un empate en el siempre complicado Municipal de Reus, plantó más que cara a la UD Las Palmas en un choque precioso y llegó a su punto más álgido de nivel en el Carlos Tartiere.

Suerte, Imanol

El Real Zaragoza goleaba sin miramientos por 0-4 a un rival directo como el carbayón en la que probablemente haya sido la mayor exhibición de un equipo frente a otro hasta ahora en La Liga 1|2|3. Qué lejos en el tiempo queda aquel partido de un Igbekeme disfrazado de Kanté. Qué olvidado esta ya el cuarto tanto del aragonés Alberto Soro, que llenó de orgullo y felicidad a una hinchada entregada. Nunca una goleada a favor hizo tanto daño. El Tartiere sería la última vez en la que Idiakez sonreiría mirando de tú a tú al ascenso directo.

Su propuesta era atractiva, enganchaba, sorprendía… pero no había alternativa, y lo ha terminado pagando con una estrepitosa caída libre desde Almería, una bajada sin precedentes, sin si quiera un respiro de felicidad en el trofeo copero que tantas noches de gloria dejó en la capital del cierzo. Los pasajeros ya estaban hartos de tanto descender, y han decidido parar la atracción de raíz, o por lo menos intentarlo. Al final, en el fútbol como en la vida, es más fácil cambiar una pieza que 20, y la cabeza de turco siempre aparece entre el mullido de los banquillos.

Con ganas, pero sin tiempo

No ha sido por falta de ganas para sacar su proyecto adelante, tampoco carece de formación, quizás tampoco le han faltado conceptos y conocimientos (o sí), pero lo que es seguro es que le ha faltado TIEMPO. Pero claro, no se puede pedir paciencia a una afición que lleva 6 temporadas sufriendo lo que es este vaivén de emociones, La Liga 1|2|3. No se le va a pedir calma a una masa social volcada pese a todas las adversidades como nunca con su equipo, en las buenas y en las malas, contra viento y marea. No se le va a pedir, básicamente porque son los únicos que siempre están y estarán al pie del cañón.

Imanol hace las maletas, llega Lucas Alcaraz. Por el bien del Real Zaragoza, esperemos no tener que despedirlo con eso de “Hasta luego Lucas” en mucho tiempo. Su suerte será la del equipo aragonés.

Tempus Fugit y más en transatlánticos como el que navega cada fin de semana en La Romareda; hasta ahora sin un rumbo claro, por cierto. La corta pero intensa travesía de Imanol Idiakez en Zaragoza pone su punto final. Se marcha emocionado un hombre respetado, un tipo cercano, humilde, de los de pico y pala. Un profesional al que la moneda le salió cruz en esta ocasión. Desde Fondo Segunda le desearíamos suerte, pero seguro que no la necesitará.

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