Arrasate ya ha moldeado a Osasuna 

Una victoria en las primeras cinco jornadas. Tres derrotas, posiciones bajas en la tabla y nerviosismo generalizado. Sin gol, sin juego, sin fútbol y sin patrón. Ese era Osasuna a 15 de septiembre de 2018. El equipo no funcionaba, o más bien, en ese momento se podía decir que no respondía a ese calificativo. Quien más quien menos, dudó entonces de la capacidad de Osasuna para aspirar a luchar por el ascenso.

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17 de noviembre de 2018. Dos meses después. Desde entonces, Osasuna sólo ha caído derrotado en un encuentro. Arrasate ha moldeado a Osasuna. El equipo es reconocible, tiene un patrón y es un bloque. Los navarros doblegaron al Tenerife por 2-0 en El Sadar y encadenaron su tercera victoria consecutiva. Ya ha alcanzado la séptima plaza en la tabla, ya está igualado a puntos con las posiciones de playoff. Osasuna ya carbura, los navarros asoman la cabeza. El Sadar vuelve a soñar, porque rugir siempre lo hizo.

La vuelta de Fran Mérida, clave en la cohesión navarra

Todo cambió desde la Jornada 6. En ella, Fran Mérida fue convocado, pero no jugó. Osasuna venció al Sporting. No fue hasta la Jornada 9 cuando el catalán fue titular por primera vez, superada su lesión. La lesión de Iñigo Pérez le llevó al once. Cuatro victorias y una sóla derrota en los seis partidos en los que Mérida fue de la partida de inicio. Quizá coincidencia, pero el equipo funciona al ritmo que marca Fran Mérida, que está consiguiendo que la baja de Iñigo Pérez no sea decisiva negativamente para los navarros.

Osasuna

Fran Mérida, celebrando un gol | Foto de La Liga

Obviamente, no es el único elemento que explica la mejoría rojilla. Para empezar, Arrasate ha encontrado ese once que recitar de memoria. Con alguna variación, pero la base está definida. El juego, también. El bloque, construido. Las líneas juntas, un equipo solidario en el esfuerzo y en las ayudas. Con la estabilidad alcanzada, la calidad y verticalidad en la segunda línea de ataque hace el resto.

Las claves de la mejoría rojilla con nombres propios

Y es que haber encontrado la base de jugadores que conforman el bloque es fundamental. La pareja de centrales ya parece inamovible y convincente. Unai García madura a pasos agigantados y Aridane está encontrando la regularidad y concentración que hicieron de él una referencia en el Cádiz. Carlos Clerc es una garantía en el carril zurdo y Lillo aprovechó la baja de Nacho Vidal para ganarle la partida de la titularidad. La defensa de cuatro es prácticamente inamovible. Fran Mérida encuentra en Oier el escudero perfecto, la pareja de baile con la que dominar la medular. Y arriba, Osasuna tiene veneno. Y esto en la categoría de plata es oro.

Roberto Torres ha encontrado de nuevo el nivel que no hace tanto demostró, incluso en Primera División. Jugador de clase, de calidad, que aporta un toque de distinción, de último pase y de llegada desde atrás, con facilidad anotadora. Brandon es la verticalidad hecha jugador. Encuentre o no el gol o el último pase, es una constante amenaza e incordio para las defensas rivales. Y Kike Barja ha irrumpido definitivamente para quedarse. Un futbolista de talento, de banda, un jugador capaz de encarar, sobrepasar líneas rivales y general peligro constante. Su desparpajo hace el resto.

La nota distintiva de calidad y clase la aporta Rubén García. El futbolista levantino tiene en su zurda un guante. Su golpeo es caviar, su movilidad entre líneas un elemento desequilibrante. Aporta visión y gol. Encuentra los espacios y descongestiona la ausencia de espacios. Su actual estado de forma es una de las claves de la mejoría rojilla.

Juan Villar, un caso único casado con el gol

Y como colofón, Juan Villar. Hablamos de un delantero, sin las características propias del delantero centro, pero aliado con el gol. Su facilidad para encontrarlo es asombrosa y esto, en una categoría como la Liga 1|2|3, es decisivo. Cuando las lesiones le respetan, es un jugador prácticamente infalible. Su movilidad entre líneas, creando confusión en el sistema defensivo rival y su capacidad asociativa aportan riqueza y variantes al frente de ataque navarro. Su olfato de gol, inagotable, le convierte en un depredador infalible.

Y así, Osasuna ha llegado, muy probablemente para quedarse, a la lucha por el ascenso. Con el aval de un técnico con experiencia en estas lides, reconocido estratega y conocedor de los elementos necesarios para el objetivo. Dotado de la seguridad que otorga contar con una plantilla con hambre, capaz de sorprender al rival en cualquier situación. Empujado por el aliento que El Sadar arroja en cada encuentro en Pamplona. Osasuna vuelve a soñar con el regreso a la élite.

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