Un 2018 muy feliz para el RCD Mallorca

Llega la Navidad, se acerca el fin del año 2018. Es tiempo de hacer repaso a lo acontecido durante los últimos 12 meses. Y, no lo podemos negar, este ha sido un año realmente feliz para el RCD Mallorca y sus aficionados.

Un equipo en el que la afición bermellona se siente representada. Un club que, a través del trabajo perseverante y la construcción de un proyecto, ha resurgido tras el varapalo que sufrió en 2017.

Ejemplo perfecto de la capacidad de reacción tras un mazazo de dimensiones enormes. El triunfo de la resistencia a la adversidad. Y nombres propios que representan la consecución de la felicidad bermellona.

Vicente Moreno, una garantía liderando un proyecto serio 

El primer nombre propio, el de Vicente Moreno. El ex del Nàstic fue el elegido por la nave de Morlango para que la nave mallorquinista regresará a la categoría de plata por la vía rápida. Una apuesta segura. El técnico, curtido en mil batallas, ya conocía la receta del ascenso, como conoce la de la lucha por alcanzar la cima.

Su experiencia, su idea y su método han calado en la isla. Rodeado de jugadores de su confianza, el objetivo se alcanzó a la primera. El ascenso se consumó como primer paso hacia la felicidad.

Y la felicidad continúa siendo el estado de ánimo de un equipo que despide el año con unas sensaciones excepcionales. El conjunto de Moreno mantiene una regularidad extraordinaria, no solo en los resultados, sino también en el juego.

Y es que el técnico ha construido un bloque sólido, solidario y con una clara idea de juego, en la que la plantilla cree, siguiendo el camino sin desvíos.

Salva Sevilla, el timón bermellón 

Para mayor regocijo del técnico valenciano, ha encontrado a su extensión en el terreno de juego en un futbolista descomunal. Salva Sevilla, el centrocampista virgitano, es el comandante que interioriza las instrucciones de su superior y las interpreta en el verde. Las interpreta y dirige las operaciones de sus compañeros, que bailan al son que marca el almeriense. Contar con un jugador como Salva es una garantía para el juego del equipo. Imprescindible, sin más, tiene un hueco en los corazones mallorquinistas.

Una orquesta totalmente afinada

Con tales directores, a la orquesta casi no le queda otra opción que sonar afinada. Más, si la misma está formada por “músicos” extraordinarios.

Desde la portería, ocupada por un Manolo Reina curtido en mil batallas, pasando por los laterales en los que Fran Gámez, Sastre, Salva Ruiz y ahora Estupiñán también aportan trabajo, profundidad y seguridad.

Con Raillo y Xisco Campos ya totalmente sincronizados como pareja de centrales y con Valjent amenazando la dupla con actuaciones soberbias como la realizada ante el Nàstic.

Salva Sevilla manda, pero Pedraza le escolta con maestría y Dani Rodríguez aporta frescura y movilidad a una medular de garantías. Haciendo los coros, Aridai desdobla con maestría y Lago Junior es un director de orquesta camuflado. El extremo es como una estrella de rock cambiando el registro de la banda. Necesario.

Álex López, Abdón, Stoichkov y Castro se reparten protagonismo en punta y ponen colofón a las partituras de Moreno.

Un equipo de autor, una afición que disfruta

Y así, el Mallorca se ha convertido en un conjunto de autor. Afinado, conjuntado y con tenores que acercan la garantía de éxito. Los baleares son sólidos y solventes. Con el esfuerzo como único activo no negociable. Con la unión como base de un éxito que se está construyendo aún. Se han ganado una vacaciones de Navidad a la altura de su rendimiento. Ese que permite a la masa social desear que el año nuevo sea, al menos, igual de bueno que el que despedimos.

Los cimientos, construidos y los materiales de primera calidad. Feliz 2019, RCD Mallorca.

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