Yo quiero ser invisible, mi trabajo consiste en ayudar a los demás y nada más. Mi ego ya lo superé hace muchos años“. Con estas palabras se expresó Víctor Fernández tras ganar el crucial partido de su estreno.  No fue un partido fácil pues además del rocoso rival, el partido tenía una carga emocional añadida.

Llegó, vio y convenció

Tras la esperanza e ilusión que invadieron la capital aragonesa esta semana con la llegada del nuevo entrenador, se esperaba culminar con victoria. La tarde comenzó bien cuando una hora antes del encuentro, conocíamos la alineación. Fernández, se olvidó de los tres centrales y del anticuado rombo y decidió poner en el medio a sus hombres de mayor talento. Jorge Pombo, James I., Javier Ros y Raúl Gutiérrez se adueñaron del partido siendo fundamentales en el logro. Todos los aficionados del Real Zaragoza conocen la propuesta de Víctor: juego combinado de carácter ofensivo. La plantilla asimiló los conceptos de manera brillante y se supieron rehacer del primer gol extremeño. La gran movilidad de balón, las buenas transiciones y la convicción en el bloque y en el juego fueron los puntos claves de la victoria zaragocista.

Un triunfo que hubiese sido más abultado, si Marc Gual hubiera materializado dos claras oportunidades. Al descanso, el león se marchó con el marcador en contra pero con una ovación cerrada.

Víctor Fernández desató la locura

En el descanso solo tuve que corregir un par de situaciones en el medio campo, e incidir en que creyesen“. El Real Zaragoza empezó la segunda parte como terminó la primera, acosando al Extremadura U.D. La imprecisión fue la protagonista, hasta que el canterano Pombo cazó un rebote dentro del área y puso el empate en el marcador. Acto seguido, se presenció uno de los momentos de la temporada, Alberto Zapater fue el primero en abandonar el terreno de juego, este salió del terreno de juego a “sprint”, dejando claro que no había tiempo que perder.

Más adelante el zaragozano Raúl Gutiérrez dejó su sitio para que lo ocupase el georgiano “Papu”.  El joven atacante volvía después de un largo período lesionado. Con toda artillería pesada en el campo, el Real Zaragoza decidió que tenía que ir a por el partido. Y así fue. Giorgi Papunashvili se inventó un jugada en el área que el mismo se encargó de terminar por la escuadra derecha de la portería. El Zaragoza dio la vuelta al marcador en 19 minutos. El estadio rugía y los jugadores, arropados por sus fieles, se mantenían firmes en la arena. La euforia y la tensión le jugaron una mala pasada a nuestro protagonista, ya que terminó expulsado. El árbitro, en una tarde repleta de fallos, decidió que el entrenador zaragozano no debía continuar en la banda.

Dosis de paz en la parroquia blanquilla

El pitido final hizo que el respetable, cuerpo técnico y plantilla estallasen de júbilo. Fue una liberación en todos los sentidos. Jorge Pombo, el jugador más destacado del encuentro, rompió a llorar. Los canteranos se abrazaban. La gente inició el cántico : “Zaragoza nunca se rinde”. Y al fondo del túnel de vestuarios con una sonrisa comedida, se encontraba el hombre invisible. Sabedor que es un camino largo, pero con las ideas claras y un discurso esperanzador.

Lucas Alcaraz, era un cura que vino a rezar a la entidad blanquilla pero Víctor Fernández es un médico que viene a sanar a un león tocado, pero no hundido.

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