Un Almería que arrancó con proyecto a bajo coste

Las últimas temporadas del Almería habían sido una travesía por el desierto. Desfile de entrenadores, ausencia de estilo definido. Tres temporadas en las que jamás aunó el cuadro rojiblanco las características mínimas para competir de forma decente en la categoría de plata.

Tan solo hubo, en tres temporadas, un hombre capaz de dotar de gen competitivo al equipo: Fran Fernández. Fueron experiencias esporádicas en el banquillo, pero en todas cumplió con creces el técnico almeriense. Alguien de la casa que se ganó a pulso, teniendo que demostrar más que cualquiera, la oportunidad de dirigir un proyecto desde cero.

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Fran Fernández, en rueda de prensa | UD Almería

Un proyecto que nació bajo mínimos. El conjunto indálico firmó en el mercado veraniego piezas procedentes de Segunda B o incorporaciones en forma de cesión cuyos frutos eran incógnita. Las alarmas estaban encendidas en tierras almerienses.

Un inicio irregular, con matices

Además, los fichajes tardaron en llegar. Así, el estreno en Carranza llegó con un once que difería en mucho del que finalmente se ha terminado asentando como “fijo”. En cualquier caso, pese a los negativos primeros resultados, las sensaciones que arrojaba el equipo no terminaban de invitar al pesimismo.

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Y es que el equipo desprendía virtudes que parecían olvidadas. De inicio, el esfuerzo innegociable y un físico mucho más trabajado que en anteriores ediciones. Un equipo con hambre, vaciándose en la presión, con tensión competitiva. Presión alta, solidaridad, unión y líneas juntas. Cualidades y características del juego que no han abandonado al conjunto rojiblanco en prácticamente ningún partido desde la primera jornada hasta el parón invernal. De inicio, quizá, faltaban los automatismos propios del trabajo continuado. La ausencia de conjunción por escasez de tiempo para trabajar juntos. Con el paso de las semanas, ese déficit está paliado. El Almería carbura.

Mejores sensaciones que resultados

Ha resultado, curiosamente, que en la temporada en la que menos se esperaba de los almerienses, más está ofreciendo. Con menos nombres, pero con más hambre. Con una idea clara de juego, y alcanzando el objetivo de ser un bloque compacto. Una plantilla que cree en lo que hace, que confía en sus virtudes y que jamás pierde la cara a los encuentros. Presión, velocidad y electricidad como señas de identidad.

El Almería cierra el año a 7 puntos del playoff, a 8 del descenso. Con una tranquilidad que no tuvo antes desde el descenso a Segunda. Y con menos puntos de lo que el juego refleja. Con ello, y con lo mostrado hasta ahora, solo se puede ser optimista con el equipo andaluz.

Las piezas del despegue almeriense

En este análisis global, también nos detenemos en los nombres. Para empezar, por el único jugador de la temporada anterior que conserva un puesto en el once. René Román finalizó la temporada en Lugo, enfrentándose al fantasma del descenso, aunque siendo el mayor artífice de la salvación. Esta temporada, su mapa de calor en el área es de los más amplios pero su protagonismo ha decrecido notablemente. Y es que el Almería concede mucho menos de lo que lo hacía la pasada temporada. El guardameta gaditano sigue mostrándose sobrio, aunque lo veamos mucho menos en acción.

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Saveljich y Owona se han consolidado como una pareja de centrales sólida. Con el argentino como líder, tirando la línea defensiva arriba. En los laterales, Romera y Andoni han superado con creces las expectativas. Ambos se muestran fiables en tareas defensivas e incisivos en sus incorporaciones ofensivas. El zurdo, una de las grandes sorpresas positivas de la temporada.

Un bloque compacto en el que las piezas encajan

Yan Eteki, llegado desde el Sevilla Atlético, es sin duda la nota positiva en la medular. Juventud insultante y despliegue físico inmenso para ser el ancla del equipo. Con César de la Hoz como escudero, dan equilibrio a una segunda línea que ha emergido con fuerza. Una segunda línea en la que los extremos, llegados desde Marbella, son una amenaza constante. Imprescindibles en la presión alta del equipo, incisivos, directos y desequilibrantes en el juego ofensivo. Rioja es una bala, con una verticalidad tremenda, mientras que Corpas por la derecha se asocia con inteligencia y tiene un recorrido más amplio.

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Juan Carlos Real | La Liga

Juan Carlos Real, que tuvo un inicio titubeante en el que Chema Nuñez amenazó su titularidad, ya ha encontrado su sitio en el equipo. La confianza ciega de Fran Fernández ha hecho que el jugador procedente del Tenerife sea ahora un pilar básico en el juego del equipo. Aportando en ataque, pero también en tareas defensivas, el mediapunta ha encontrado la guinda del gol, con tres jornadas consecutivas anotando.

Y en punta, Álvaro Giménez es el reflejo de lo que es el equipo. Garra, lucha y pundonor para un delantero que casi nunca fue referencia pero que se ha adaptado a la punta de ataque para resultar imprescindible para el equipo. Un jugador que representa la conexión que el equipo ha encontrado con su afición.

Con todo ello, Almería se ha enganchado a su equipo y el equipo a la afición. Un equipo que aún no asoma a las posiciones de privilegio, pero que representa a su hinchada por su esfuerzo y por haber alcanzado un estilo de juego definido que casa con los gustos del público. Con ello, sólo se pueden augurar metas positivas para un Almería que sin soñar con algo grande, puede alcanzarlo.

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