Una temporada que comenzaba con ilusión en el Real Zaragoza

El gol de Diamanka en el último minuto de los playoff parecía “matar” al equipo del león. Pero la respuesta del público fue impecable, reconociendo la heroicidad del Real Zaragoza en la segunda vuelta. Se levantó, comenzó a aplaudir y con lágrimas en los ojos cantó el himno, dedicado a los jugadores. A partir de ahí, Lalo y su equipo se pusieron a trabajar. Natxo González tenía un pre-contrato con el Deportivo de La Coruña y el nombre de Imanol Idiakez era un secreto gritado a voces.

La marcha de Borja Iglesias era previsible pero muy dolorosa. Para sustituirle, el Real Zaragoza se reforzó con Álvaro Vázquez y Marc Gual, jugadores de gran calidad que podrían suplir la baja del “Panda”. El bloque continuaba, los esfuerzos para retener a Cristian Álvarez, “el salvador de la Puerta del Carmen”, tenían premio. Mantener a los canteranos como Pombo, Lasure, Delmás o Guti, que hacían que la afición se sintiese identificada y bien representada en el campo.

Con todo ello, la ciudad se volcó. 27.000 socios y una pretemporada ilusionante en la que el equipo jugaba de tú a tú ante rivales como la Real Sociedad y el Villarreal. Emergían las figuras de Igbekeme, Jorge Pombo en un rol de líder y el deseo de ver a jugadores que salían de la Ciudad Deportiva como Alberto Soro o Enrique Clemente. El equipo de Imanol Idiakez comenzó imparable, con un estilo de juego que enamoraba. Y con resultados como el 0-4 en el Tartiere contra el Real Oviedo que hacían presagiar una temporada para el recuerdo.

Y de repente, todo cambió para mal

Poco a poco, ese recuerdo se tornó en negativo. Las lesiones de Marc Gual, Álvaro Vázquez o James Igbekeme eran una prueba de fuego para Idiakez. Todo ello sumado a la pérdida en la identidad de juego y los malos resultados, le costó el puesto a Imanol tras el empate en el último minuto ante el Tenerife en la Romareda.

Se buscaba un sistema renovador, ya que la principal consecuencia de la falta de resultados era la solidez defensiva. Un apartado de juego en el que Lucas Alcaraz era un aventajado. Pero nada de eso funcionó, el equipo cada vez mostraba menos recursos. El vestuario parecía dividido y Zaragoza estaba al borde del “K.O”.

Zaragoza

El Zaragoza resurgió con Víctor | Heraldo

Cinco defensas, tres pivotes defensivos y el equipo seguía mostrando las mismas carencias. A todo ello, se sumaba la ausencia de sensación de peligro en el ataque del Real Zaragoza. Comenzaron a suceder cosas extrañas dentro del vestuario. Resulta que de un día para otro Alberto Zapater “ya no valía para el equipo” decían algunos. Jorge Pombo habló con aficionados a la salida de La Romareda y dejó titulares muy llamativos. Y de repente, pasó de ser el líder a no jugar ni un minuto. La misteriosa lesión de Cristian Álvarez en A Coruña y una serie de sucesos extraños.

Hasta luego Lucas, bienvenido Víctor

Con todo esto no le quedó otra a Lalo Arantegui, el director deportivo, que despedir a Lucas Alcaraz. Y apareció la figura del zaragocismo, un hombre que estuvo en el mejor momento del equipo maño. Un hombre que conquistaba títulos europeos y que cuando recibió la llamada ni lo pensó un momento. Ese hombre es Víctor Fernández. No quedará tiempo para agradecer todo lo que Víctor ha hecho por y para el Real Zaragoza pero está ante la situación más complicada de su vida en los banquillos. Y, recordemos, que está cobrando el mínimo porque “algo tiene que cobrar”, y es que él ya comentó en alguna ocasión que se metería en este jardín aún sin recibir ni un sólo euro.

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Con Víctor Fernández una cosa está clara, los mejores jugadores van a jugar. Y aunque sólo haya estado en los banquillos en un partido, ya se han visto cosas que no se habían percibido en La Romareda esta temporada. Jorge Pombo se puso el traje de sus mejores galas y ante el Extremadura dio un absoluto recital, con un Álvaro Vázquez trabajador y con Marc Gual que no deja de intentarlo. Igbekeme parece ser el de antes de la lesión, Raúl Guti está cogiendo forma de nuevo y Javi Ros en modo imperial. La defensa fue impecable, de lo mejor de esta temporada y, más aún, teniendo en cuenta que estaba nada más y nada menos que Enric Gallego delante.

La ciudad de Zaragoza ve una luz al final del túnel, una luz personificada en la figura de Víctor Fernández. La afición sueña con repetir la gesta de la temporada pasada aunque parezca imposible. Pero algo sí que parece claro. Las cosas han cambiado y el león ha despertado, porque si existe algún lema en la ciudad es que “Zaragoza nunca se rinde”.

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