Lugo, de la ambición a la prudencia

Hace un año los aficionados del CD Lugo ponían sin rechistar la mesa para las copiosas cenas. Una sonrisa cincelada en su rostro como afirmación a todas las instrucciones familiares. Eran tiempos de felicidad y optimismo. De verdad, no como el sentimiento enlatado con el que bombardean los centros comerciales. El equipo albivermello llegaba al parón navideño con 33 puntos, ubicado en una plácida séptima posición, 13 sobre el descenso, la meta fundamental a evitar.

Incluso habían pasado por encima del horroroso penalti a lo ‘Panenka’ tirado por Francisco Fydriszewski ‘Polaco’ ante el Rayo antes de la pausa. Un error que impidió cerrar en positivo al CD Lugo comandado por otro Francisco, Rodríguez, entrenador actual de la SD Huesca, líder por aquel entonces del campeonato.

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“¿Y si este año…?” Aunque tímida y sin terminar, la pregunta se hacía en el Anxo Carro. ¿Por qué no aspirar a metas mayores que la salvación? Fue terminar de verbalizarla y empezar una secuencia de derrotas y lesiones que convirtieron a los albivermellos en la copia de sí mismos de todos los años. Primeras vueltas para guardar puntos, segunda para aguantarlos y conseguir no descender lo antes posible.

El 2018 empezó con el cierre de la primera vuelta. Una derrota por 1-0 ante el Almería que tuvo efectos colaterales: la tercera lesión grave de rodilla, precisamente, del ‘Polaco’, que se unía a las de Sergio Díaz (noviembre de 2017) y Campabadal (diciembre de 2017). Tres bajas que obligaron al CD Lugo a acudir con prisas al mercado invernal. O más bien a la feria de tratantes que es la ventana de enero. Si para esta entidad es complicado competir en salarios en un período normal, más aún lo es a contrarreloj.

Final con alfombra roja… para el resto

Chuli fue el elegido para compensar la baja de la delantera. Una apuesta fallida por un jugador que sólo consiguió anotar un tanto. A diferencia de lo que sucedió en años anteriores, el Lugo fue y sigue sin una referencia ofensiva clara en ataque. También llegaron en enero José Carlos Ramírez, central del Real Betis (sobre el que se ejerció la compra a final de temporada); Jaime Romero (Córdoba) y Álvaro Lemos (Celta), quien ya militó en la escuadra lucense en la 2015/2016.

De hecho, había dejado un muy buen recuerdo que no reeditó en esta media temporada en la que la gráfica comenzó a caer hasta la 12ª plaza que el CD Lugo ocupó a final de temporada. En la conclusión de la Liga fue el equipo que puso la alfombra roja a tres rivales que sí llegaron al final jugándose el todo por el todo. El Anxo Carro será recordado por el estadio en el que el Huesca consiguió ascender a Primera.

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El Rayo Vallecano regresó a la máxima categoría ante los albivermellos. Y por consonancia de color, o por el pasado de Francisco, o por lo que fuera, el Almería se salvó ante el Lugo en la última jornada para desgracia de la Cultural Leonesa. Los de la ciudad amurallada ganaron uno de los últimos 11 partidos que disputaron en la 2017/2018…

La alegría contenida de la permanencia fue mayor con el ascenso del filial, el Polvorín FC, a Tercera División. Parecía que la puerta se abría al fin para los canteranos lucenses. Un espejismo convertido en pólvora este año. Sigue habiendo un techo de cristal, incluso para partidos puntuales en los que los jugadores del filial -que sí, que tienen sus objetivos particulares en Tercera- pudieran echar un cable y agradar en el primer equipo. ¿Qué aprecia más un seguidor que ver debutar a un hombre de la casa?

Destitución con nocturnidad

¿Qué pasó entonces en verano? Lo que sucede todos los veranos desde que Tino Saqués asumiera la mayoría accionarial de la SAD en 2015. Que nadie quiere echar raíces en esta ciudad más allá de un año y que todos la usan de trampolín (o no) para otras metas.

Hubo cambio de cromos en parcelas clave como la dirección deportiva y el banquillo. Tanto Víctor Moreno, actual secretario técnico del Tenerife, como el citado Francisco. Moreno hizo una rueda de prensa en junio para anunciar que se iba al Alavés, pero a gestionar sus equipos satélite y otros menesteres. Ha durado allí menos de medio año. El técnico almeriense ni siquiera dijo adiós. Tampoco se fue con un destino definido. No quiso seguir, pese a que le quedaba un año de contrato. Lo que vino después lo sabéis todos los que seguís la Segunda División. Fichaje por el Córdoba y espantada a las pocas semanas tras ver el saco rato que existía en la entidad blanquiverde.

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El Lugo empató en Almería

Saqués no tuvo más remedio que resetear de nuevo y contratar al cuarto director deportivo en cuatro años (y el quinto entrenador). El elegido fue Emilio Viqueira, gallego que volvía a casa, procedente de un Nàstic del que no se fue de la mejor de las maneras. Lo hizo tras tres buenas temporadas, con el ascenso a Segunda y dos últimas marcadas por el apocamiento con la agencia de representación Promosport, que llegó a ser accionista del club grana. Agencia a la que pertenece y sobre la que existe una sospecha de clientelismo tal que tuvo que salir en verano desmintiendo que podría entrar también en el accionariado del Lugo.

Viqueira y Saqués apostaron para el banquillo por Javi López, que llevaba desde la 2014/2015 sin entrenar (Celta de Vigo). Trabajaba en la secretaría técnica del Sporting de Gijón, club al que regresó, como si de una puerta giratoria se tratara, cuando fue cesado a finales de octubre de 2018. La decisión fue tomada de madrugada, después de la derrota en casa ante el Cádiz sin estar el equipo en descenso, todavía vivo en la Copa del Rey pero muerto en juego. El primer destituido oficialmente en Lugo desde hace más de una década. Y al primer entrenador al que el Anxo Carro pitó con solemnidad.

Aunque la situación en la clasificación a esas alturas del curso no fuera determinada, ni siquiera mala, los mandatarios quisieron poner la venda antes de la herida. Pero mientras taparon esta hemorragia, la de inestabilidad provocada por los cambios sigue agrietándose.

Espíritu luchador

Su sustituto fue Alberto Monteagudo, que consiguió con un contrato lo que no pudo lograr en el campo. Debutar en Segunda División, categoría que rozó con los dedos el curso anterior en el Cartagena. El drama de la doble eliminación, primero como campeón (Rayo Majadahonda) y después como aspirante (Extremadura), llevó al manchego a un exilio griego que duró unos meses. Hasta que el CD Lugo, que ya contempló su nombre en verano, reclamó sus servicios para cambiar de rumbo.

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Monteagudo, revulsivo

Monteagudo parece haber mejorado los síntomas de un equipo que padece de gol, pero que ha recuperado el espíritu luchador que el club tiene como lema oficial. Lo que no oculta las carencias repetidas del equipo como son la sequía ofensiva. La principal causa de esta indolencia está en las incorporaciones de Jona (cesión del Córdoba) y Dongou (Nàstic) para la delantera. Ninguno de los dos ha respondido a las expectativas generadas. Herrera, sin tener la genética de un matador, se ha complementado con Escriche para invertir unos cuantos goles que han sacado al CD Lugo del atolladero. Un Escriche que dejó 800.000 euros en las arcas del club en verano, cuando se produjo su traspaso a la SD Huesca y su posterior cesión al equipo que le había vendido.

La presentación de las cuentas del club a final de año ha demostrado que este movimiento fue una urgencia para cuadrar medianamente la contabilidad, que aún así salió con 200.000 euros de deudas. El desastroso convenio con el Cerceda, que además supuso la desaparición del equipo coruñés, los fichajes de invierno y la bajada de ingresos por abonos y derechos de televisión fueron las razones argumentadas por Saqués para justificar la pérdida. Traducido: que se acumularon errores y se hizo poco por enmendarlos. Esto se ha traducido en un cinturón salarial más ajustado que otros años que obligó al club a escenificar una baja de sueldo de algunos de sus jugadores. Al final, la mala gestión se vendió como un acto de fe y de amor a los colores (y alguna que otra renovación en diferido…).

Un invierno decisivo

Aunque no lleva ni medio año en el cargo, sobre la planificación estival de Viqueira se ha depositado parte de la responsabilidad del irregular inicio de curso del equipo. El santiagués hizo la plantilla en apenas un par de semanas con jugadores que ya conocía (Promosport o ex de Nàstic) y otros comodines. Con la campana del cierre sonando, el Real Valladolid pudo hacerse con Kravets. Otra vez se comercializó un acto de bondad diciendo que el lateral ucraniano había preferido quedarse en la casa que conocía antes que debutar en Primera División… Y por si faltaran tramas, el CD Lugo fue incapaz de vender o deshacerse de Ramón Azeez, su principal baluarte la temporada pasada, y al que tildó de un díscolo con malas compañías. El nigeriano ha sabido morderse los adentros y, por suerte para el equipo, es otra vez un titular de garantías.

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Miguel Vieira | CD Lugo

De los que llegaron cuando el frío todavía no se había instalado en la ciudad de las murallas, sólo el central portugués Miguel Vieira ha sido capaz de hacerse un hueco regular en el once. El mercado de invierno no parece que vaya a traer la piedra filosofal a una plantilla, sin embargo, larga en número, con bastantes fichas, aunque no compensadas. Las declaraciones de las personas con voz y voto se han ido contradiciendo en las últimas semanas. Desde el “llevamos meses trabajando en este mercado” de Viqueira, al “no necesitamos refuerzos” de Monteagudo hasta las reuniones anunciadas por Saqués. Y no sólo eso, hasta ocho jugadores terminan contrato en 2019 y por tanto podrían escuchar ofertas: Juan Carlos, Campabadal, Bernardo, Josete, Luis Ruiz, Sergio Gil, Guille Donoso y Azeez.

A la espera de que el ruido mediático se traduzca en algo plausible, el aficionado del CD Lugo se atiborra en estas fechas de fingida felicidad. También se embadurna con todos los caldos y licores. Gasolina y neumáticos para afrontar la segunda vuelta que tiene, en la Segunda División más dura de todos los tiempos. Entre bocado y bocado, algún libro como El Arte de la Guerra de Sun Tzu para aprender tácticas de resistencia. Ellos, los 2.500 que antes eran 3.000, una masa social pequeña en una ciudad por la que ha pasado de largo el profesionalismo. Ellos, los que mantendrán la fe un año más para intentar que la bandera albivermella siga ondeando junta a la de históricos de nuestro fútbol.

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