El 22 de abril del año pasado la UD Las Palmas consumaba matemáticamente su descenso a La Liga 1|2|3. Lo hacía de la peor manera posible: a falta de cuatro jornadas y encajando un sonrojante 0-4 en su propio estadio. Tras tres años de notable recorrido por los mejores estadios de nuestro fútbol, el conjunto canario debía sufrir de nuevo la más que exigente categoría de plata. Enfocados en la vuelta, el presidente Ramírez quiso confeccionar un equipo de garantías. Y no podía faltar un estandarte como Rubén Castro. El delantero canario venía de realizar grandes temporadas con el Betis y el presidente insular se fijó en él como el hombre gol del plantel.

Junto a Rubén Castro, numerosos jugadores fueron entrando y saliendo del equipo. Fue un verano muy movido en la dirección técnica, tanto en el apartado de altas como en el de bajas. La experiencia en nuestra liga de jugadores como Juan Cala, Alberto de la Bella o Martín Mantovani, combinada con la calidad y el hambre de otros como Ruiz de Galarreta o Rafa Mir auguraban un gran futuro en la isla.

Una temporada irregular

La realidad es que la UD comenzó el curso mejor de lo que pareciera hoy en día. En sus primeros seis encuentros, cuatro los contó como victorias, y los dos restantes, empate. Inclusive venció al entonces líder, el Málaga, en la jornada 6. Con un gol solitario de Rafa Mir, por cierto. Con Manolo Jiménez en el banquillo, el conjunto amarillo fue capaz de coger a la categoría “por los cuernos”. O al menos eso parecía, pues el bloque se desinfló.

En las siguientes jornadas, Las Palmas sumó 8 de 24 puntos posibles. Una victoria, cinco empates y dos derrotas fue un bagaje más que determinante en la decisión del presidente Ramírez. Manolo Jiménez fue fulminado del banquillo canario el 16 de noviembre tras no pasar del empate en el Estadio de Gran Canaria frente al Granada.

Rubén Castro

Manolo Jiménez | udlaspalmas.es

A rey muerto, rey puesto. Paco Herrera, el héroe del ascenso en 2015, volvía a tomar las riendas de la UD. De la casa y con experiencia, todo indicaba que el técnico barcelonés iba a ser capaz de revertir la situación. Nada más lejos de la realidad. Herrera no mejoró en absoluto los números realizados por su antecesor. Es más, los empeoró. Desde el cese del sevillano, el conjunto insular no fue capaz de ganar ni un sólo partido hasta final de año. Tres derrotas abultadas frente a Cádiz, Lugo y Córdoba y tres empates. Unas cifras demoledoras de cara al aficionado y al proyecto.

El nuevo año, sin embargo, otorgó un balón de oxígeno al cuerpo técnico y al plantel. Quizás no duró demasiado. Un mes después todas las miradas se fijan en el entrenador, otra vez.

Pío, pío… ¿por qué no despegamos?

Los números no llegan. Actualmente, Las Palmas es undécimo en la tabla, a seis del playoff y a trece del ascenso directo. Una temporada, en definitiva, en las que las cosas no salen como estaba previsto. En primer lugar, existen muchas voces que indican la precipitación en el cese de Manolo Jiménez. Es cierto que el equipo no brillaba, pero ahí estaba, en playoffs. Muchos en la isla se tirarían de los pelos al ver como Cervera revertía su situación en el Cádiz.

Herrera se encuentra en un sinfín de cambios, alternativas y propuestas que no logran dar con la tecla. Desde que cogiera las riendas del equipo, el centro del campo alternó en cada jornada prácticamente. Frente al Oviedo, por ejemplo, probó con Mesa, Timor y Castellano en el medio, con Tana ocupando la mediapunta. Una semana más tarde, probaba con Galarreta y Timor, Mesa más adelantado, resguardado en las bandas por Araujo y Lemos como extremos. Sólo una jornada después, la formación volvía a variar. De Galarreta y Timor en el medio, pero esta vez acompañados por Blum y Fidel como interiores.

Multitud de esquemas que para nada valieron. Frente al Zaragoza, el técnico optó por Peñalba como pivote defensivo (acabó expulsado), y una línea de cuatro por delante suya.

Rubén Castro no encuentra el gol

El veterano ariete español venía con la condición de convertirse en el gol del equipo. Durante el transcurso de la competición, el delantero se ha ido apagando poco a poco, contagiándose de la negativa dinámica del plantel. Y eso que todo empezó diferente. Seis goles en cinco jornadas dotaron a Rubén de crédito en la isla, y confirmaron que es de aquellos que allá donde juegue, anota.

Rubén Castro

Rubén Castro celebra un gol | TIME JUST

Doblete en la primera jornada frente al Reus, gol en el Carlos Belmonte para empatar, de nuevo doblete frente al Nástic en Gran Canaria y gol en Almendralejo para contribuir a la victoria de su equipo. Sin embargo, la relación entre Rubén y el gol fue disminuyendo y no fue hasta la jornada 11 cuando volvió a anotar.

La trayectoria del jugador canario es similar a la del cuadro amarillo. Un comienzo espectacular, para luego ir desanimando los marcadores, y con ello, las aspiraciones del equipo. Hasta la fecha, el delantero marcó 10 goles. A priori, no parecen ser pocos, pero su mala distribución cronológica hacen que no sea considerado como un jugador determinante en la isla.

17 “finales” por delante

Sea como fuere, el equipo amarillo debe aún no ver todo de color negro. Son muchas las jornadas que componen este campeonato. Ganar dos partidos consecutivos supone verte en lo alto de la clasificación de nuevo. El estado físico de las plantillas, las rotaciones, y las alternativas sugeridas desde el banquillo pueden llegar a ser cruciales a la hora de decidir un partido y, al final, cada punto cuenta.

El Sporting de Gijón es el próximo rival del conjunto entrenado por Herrera. El cambio de dinámica debe comenzar cuanto antes, y este partido es vital para los intereses del equipo pío pío. Para muchos, esta es una “final” para el técnico y para salvarla sólo vale una victoria. Para ello, que Rubén Castro se reencuentre con el gol puede ser crucial.

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