Etern9, Quini


Hace un año fallecía Enrique Castro “Quini”, santo y seña del Real Sporting de Gijón. Desde Fondo Segunda, recordamos y honramos la figura de uno de los grandes delanteros españoles de la historia. Eternidad.


“Patrón de los bien nacidos, tu vida no es cuento de hadas”, recita Pipo Prendes en su canción “Ahora Quini, ahora”. Y qué razón tiene. En este preciso día, hace un año, allá por el 27 de febrero de 2018, se iba Enrique Castro; más conocido como “Quini”. Cómo te echamos de menos.

Parece que fue hace nada, y ya han transcurrido 365 días del momento en el que el mundo del fútbol, y en especial Gijón, se venían abajo tras el fallecimiento de la leyenda rojiblanca. Aunque, siendo sinceros, leyenda rojiblanca se queda corto, leyenda futbolística en todos los niveles.

Fueron momentos de muchas emociones, que se hicieron una cuando sus compañeros alzaron el ataúd de “Bruji” al cielo de El Molinón, que ahora lleva de apellido el nombre del mito, ante un atronador “Ahora, ahora, ahora Quini ahora”.

Un brujo que se ganó el respeto de todos

Durante los duros días de la marcha del delantero, los aficionados sportinguistas se agolpaban en la puerta 9 del feudo gijonés para rendirle homenaje. Velas, pancartas, cartas, bufandas… e incluso camisetas del máximo rival, el Real Oviedo, se situaban en el lugar. Y es que Quini, y su gran bondad, se ganaron el respeto de todos.

Sobre este tema hablaba Butragueño afirmando que “por lo que hacía en el campo y su carácter, tenía la admiración de todos”. Lo hizo bajo la humildad, el cariño y el amor; sobre todo  a los más pequeños. Bajo el manto del mito, siempre había un grupo de “guajes”.

Una personalidad de oro

Ojos para todos, y consejos para ellos. Los niños, atónitos, siempre se quedaban embobados fijando la mirada. Mientras, Quini disfrutaba de ellos sin medida.
Retomando la cita de Prendes, cabe recordar que “El Brujo” no tuvo una vida sencilla –algo que seguramente haya ayudado a forjar una personalidad de oro–.

El fallecimiento de su hermano Castro y el secuestro son dos ejemplos que ilustran las dificultades por las que pasó. A pesar de todo, se levantó de los golpes y consiguió seguir hacia delante.

Si es difícil superar al futbolista, digo con atrevimiento que es imposible realizar dicha acción con la persona. Nadie, al menos por el momento, superará a Enrique en lo humano. Porque era él, y eso basta. A cada problema, una sonrisa y una solución.

Gracias, Quini

El sportinguismo se ha quedado huérfano tras su fallecimiento, aunque si él leyera esa frase ahora mismo se reiría y diría: ¡¡Pero si no soy nadie!! Pero sí que lo es, como dijo Luis Enrique: “No puedo relacionar al Sporting sin hablar de Quini y la mítica camiseta sin nombre con el dorsal 9”.

Porque así era el bueno de Quini, y así será recordado por siempre. La grandeza de una persona se mide por su corazón. Por ello, Enrique Castro “Quini” ya es eterno; porque lo será siempre entre todos los que se enfundan la elástica sportinguista. Allá donde esté hoy, gracias Brujo.

*Montaje imagen de cabecera por Stormrsg. Imagen usada propiedad del Real Sporting de Gijón. 

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