Dicen que llegar es lo difícil. Tal vez lo realmente complicado sea mantenerse. En esas anda un club humilde, soñador, que llena el estadio cada dos fines de semana. Después de la tormenta llega la calma, y en calma, o al menos algo aliviados se encuentran los aficionados de un Extremadura que se agarran a un clavo ardiendo o, en este caso, al más puro ADN azulgrana.

Segundo y definitivo cambio de rumbo del equipo de Almendralejo. Llega Manuel Mosquera procedente del Deportivo, donde venía ejerciendo funciones de secretaría tras haber entrenado hace algunos años en las categorías inferiores. Se hablaba de Marrero, de Martí, de otros muchos candidatos que ni mucho menos se hubieran siquiera acercado al éxtasis que hoy en día se sigue viviendo en la ciudad extremeña.

El nuevo comandante ya en Almendralejo | Fuente: Extremadura UD

La operación quirúrgica era ineludible. Una victoria en los últimos diez partidos llevaron a Rodri a la nevera, al burladero, a ver los toros desde algo más lejos que la plaza. Una derrota en el feudo del Elche sentenció al técnico tras un partido simplón, frío, sin ápice de esperanza. Una parte del propio Rodri, sin embargo, seguiría comandando al equipo, en este caso para dejar pasar otra oportunidad. Derrota tremendamente pobre del Extremadura ante un Vílchez que veía como su tren se marchaba a toda marcha. Villalba silenció al Francisco de la Hera, a Reyes, al “Enric merece irse, déjenle salir”, a Chirivella, a la revolución de los 12 apóstoles.

El ansiado factor emocional, la conexión con el ADN azulgrana

Todo el peso, la mochila llena de ladrillos recae sobre Manuel Mosquera. 13 temporadas, 483 partidos y 109 goles con la zamarra azulgrana. Máximo goleador histórico de la entidad y parte de aquel súper Extremadura que conquistó la región llevándola a la élite, la Primera División española. No importa de donde venga, su experiencia como entrenador. A la gente le ha dado exactamente igual, sólo ven en él reflejado aquello que hace poco más de 20 años les ilusionaba, y les sigue iluminando los ojos. Melancolía, nostalgia, años dorados que en un ‘flashback’ regresan para quedarse.

Deslizó frases con mucha fuerza en su presentación. “Somos unos leones”, decía confiado. Luego le confesó a Rodrigo Morán ante los micros de EUD Radio que es un animal al que alude constantemente, como símbolo de fiereza. Firma por esta temporada y dos más, por lo que parece que desde el club se quiere apostar por el medio-largo plazo. Comentó también el técnico gallego que su seña de identidad es correr, competir y presionar mucho, algo que en muchas ocasiones la afición ha demandado a su equipo en el Francisco de la Hera.

Ya en el césped, ante el público, se dirigió a ellos para arengarles. “Es mi casa”, manifestaba entusiasmado. También dejó una frase que levantó el aplauso masivo: “yo me encargo de los jugadores y vosotros de las manos (refiriéndose a animar)”. El propósito quedó patente, la ilusión, el no dejar de animar y la pasión en cada jugada deben ser la firma de este nuevo Extremadura. “Una mano gigante es la afición del Extremadura”, le decía también a Rodrigo Morán.

De lo emocional a lo futbolístico

Con el factor emocional ya instalado, hay que transportarlo todo al terreno de juego, donde se juega lo importante. Ya ha avisado Manuel Mosquera que en cuatro días no va a cambiar con una varita mágica lo táctico, pero el equipo debe salir en Las Palmas con otra cara. Sangre caliente, presión alta, valentía. Quedan 15 finales, 45 puntos en juego de los que hay que sumar más de 20. Una permanencia que se va a apretar y de la que el cuadro de Almendralejo no puede bajarse de ninguna forma.

La afición está con él | Fuente: Extremadura UD

Perea debe ser más determinante en los últimos metros. Ortuño no dejar en manos del azar su momentánea nula aportación. Kike Márquez debe ser el que encandilaba con golazos como al Málaga en el ‘Paquito’. Solidez defensiva, que Fausto Tienza siga siendo el motor del equipo, la entrada paulatina de Schahin en los planes. Que Nando termine de explotar. Comandante Reyes. Álex Díez volviendo a ser un puñal. Un equipo que se deje la piel, pero que también lo haga ordenadamente, con pausa, rigor táctico. Como en los primeros partidos de Rodri.

Para un patriota del ADN azulgrana como es Manuel, se le deben inundar en un mar de lágrimas los ojos al ver el frío dato. El peor local de la categoría. 11 puntos de 42 en el Francisco de la Hera, tres victorias, nueve derrotas, 22 goles en contra. Una sangría que se postula como ser el primer paso del cambio, de la metamorfosis. La revolución debe empezar por ahí e indudablemente, cuando Manuel pisó de nuevo en su presentación el ‘Paquito’, vislumbró sobre ese ecosistema un fortín, una máquina de aniquilar rivales a partir de una simbiosis entre afición, entrenador y jugadores.

Manuel Mosquera tiene mucho trabajo por delante y La Liga 1|2|3 no espera a nadie. Resulta una incógnita lo futbolístico, el esquema, los movimientos de abajo a arriba, de arriba a abajo, transiciones, el juego horizontal, posesión, contraataque, control del tempo. Pero eso, a día de hoy, no importa en Almendralejo. En este mismo instante lo único realmente trascendente es que el Extremadura Unión Deportiva tiene a su verdadero comandante.

Deja un comentario