Con su victoria frente al Albacete, el Nàstic de Tarragona consiguió abandonar la última posición de la clasificación 17 jornadas después. La situación sigue siendo complicada, pero la realidad es que los grana ven la permanencia mucho más cerca que hace unas semanas, tanto por números como por sensaciones. Los grana han conseguido reaccionar cuando muchos les habían descartado, más todavía teniendo en cuenta el calendario del último mes.

Enrique Martín a los mandos

El técnico se hizo cargo del equipo en octubre. Un equipo que no competía en la mayoría de partidos y con muchos futbolistas señalados en la plantilla. Tras dos años al borde del abismo, todo hacia indicar que esta vez nada podría evitar el descenso.

Además, Enrique Martín no consiguió ese efecto inmediato que se buscaba con su llegada y su equipo ofreció incluso peores sensaciones. Pero el problema estaba en el campo, no en el banquillo. La falta de recursos futbolísticos del conjunto catalán era evidente.

Remodelación total en el mercado invernal

La dirección deportiva tenía apenas un mes para intentar enmendar el trabajo que no se había hecho bien durante los meses de verano. El resultado fueron 11 altas y 10 bajas. Estos movimientos dejaron un equipo prácticamente nuevo para la segunda parte de la temporada.

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Ya con los baluartes necesarios para estar a la altura, Martín Monreal ha transformado por completo al Nàstic. Los grana han dejado atrás la pasividad defensiva y los errores infantiles que les caracterizaban hasta ahora. En su lugar se puede ver ahora un equipo que compite por cada balón, con futbolistas de perfiles distintos, pero con un grado de compromiso máximo de todos ellos.

Pipa, Kanté, Imanol o Thioune son solo algunos de los nombres que han provocado esta metamorfosis en el equipo catalán.

Plantando cara a los grandes

El mes de febrero se antojaba como insuperable para un Nàstic que empezaba a descolgarse de los puestos de salvación. Pero en lugar de rendirse, la plantilla decidió luchar y los resultados empezaron a llegar.

Deportivo, Cádiz, Osasuna Albacete. Sacar 4 puntos de los 12 posible puede considerarse un botín algo escaso. Pero la realidad es que ninguno de ellos fue netamente superior al conjunto catalán. El conjunto de Martín Monreal ha metido una marcha más.

En Riazor los locales perdonaron y lo acabaron pagando con el empate (que pudo ser una derrota si Pipa no hubiera errado un mano a mano en la última jugada). Rojillos y gaditanos consiguieron llevarse la victoria pero lo hicieron gracias a pequeños detalles y al talento y potencia de sus plantillas.

Y por último el cuadro manchego, que directamente no compareció en el Nou Estadi. El tanto de Sadik llegó de penalti y en el añadido (luego Zozulia pudo empatar con un remate al travesaño), pero el Nàstic fue mejor y demostró que no va a resignarse. Este sí es el camino hacia una salvación heroica, la tercera consecutiva.

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