Venía el Extremadura de dos derrotas durísimas. Rivales de entidad, estadios históricos y rendimiento más que aceptable que no se tradujo en puntos. Primero Eugeni en el último instante y de rebote y posteriormente Róber Ibáñez tras buenos minutos de los extremeños en El Sadar. Con todo ello, los de Manuel Mosquera afrontaban la primera de sus finales por la permanencia, un más que complejo duelo ante el Almería en el Francisco de la Hera.

Salía el Extremadura con su 4-1-4-1 habitual. Portero y defensas fijos, Lolo le ganaba la partida a un Fausto Tienza que esperaría su oportunidad desde el banquillo. Por delante, Zarfino de ‘box to box’ y los tres jugones, Kike, Perea y Olabe, con Ortuño de referencia. Suplencias destacables como la de Reyes o Nando, además de la ya citada de Tienza. Enfrente, alineación habitual de los almerienses con las novedades de Rocha por Eteki, Narvaez por un Rioja algo tocado y Owona por Ibiza.

La premisa era clara: permutas constantes de posición entre Olabe, Kike y Perea. Fueron alternando posiciones. Mientras uno acompañaba a Zarfino de interior, los otros dos iban a los costados. Perea llegó a ocupar las dos bandas y Kike y Olabe alternaban posiciones por dentro y fuera. Una idea más que interesante que no se terminó de traducir en dominio con balón de esa zona.

El Francisco de la Hera | Foto: Extremadura UD

Primera parte apática

Llegó a decir Manuel Mosquera en la rueda de prensa post partido que miraba al marcador para ver cuánto quedaba. La primera parte se le hizo larguísima al cuadro extremeño. Sin dominio en fase ofensiva, el equipo no conectaba con sus mediapuntas y no había asociaciones en la medular. Lo intentaban por los costados pero, cuando Álex o Bastos subían, el Almería tenía automatizado el contragolpe. En tres toques ya se plantaban en campo rival aprovechando el espacio que dejaba el jugador de Extremadura que subía.

Con esas, los almerienses sembraron el pánico en el Francisco de la Hera con varios contragolpes finalmente frenados por la zaga local. Juan Carlos Real bailaba ante el asombro de una grada que veía en él al posible verdugo de la tarde. Qué maravilla de movimientos, de controles. La forma que tiene el gallego de girar a su equipo, de bascular el ataque de lado a lado y de generar peligro desde la frontal.

El partido adoptó una fase rara, con mucho viento y lluvia que movió a los aficionados a resguardarse, mientras el equipo trataba de superar el aluvión andaluz. Para tranquilidad extremeña, llegó el final de una primera parte que acabó con algún tímido arreón local, con varios centros que no terminaron de conectar con los rematadores. Respiraba Manuel Mosquera, al que le tocaba ajustar el desorden de su equipo tanto en estático como en contragolpes almerienses.

De menos a más en sensaciones y en sufrimiento

Las sensaciones mejoraron pero la tensión aumentó con creces. Era el momento de la verdad, y resultaba interesante ver la ambición del Extremadura. ¿Iría a por el empate o lucharía por tres puntos imprescindibles? Pues como pudo, optó por la segunda opción. Y lo hizo tras un momento de nervios. En una secuencia de pases erróneos, el Francisco de la Hera respondió con un estruendo y pitada abismal.

Una de las apariciones de las últimas semanas | Foto: Extremadura UD

Había tenido dos ocasiones claras el Almería y el público le pedía más al equipo. En medio de esa pitada tremenda, Zarfino se dirigió al público, apelando a que transformaran esos pitos en aplausos. Y vaya si ocurrió. El capitán azulgrana creó un clima de apoyo intenso, al grito de ‘sí se puede’, para empujar con la ‘mano gigante’ que tanto gusta a Manuel Mosquera. Punto de inflexión.

El técnico agitó la coctelera con dos cambios que, según aseguró después en rueda de prensa, tuvo en su cabeza en todo momento. Reyes y Nando al campo por Olabe y Kike. Velocidad por banda y finura entre líneas para asaltar la victoria con un estadio ya volcado con su equipo.

Y con esas, un Perea impreciso y señalado en minutos anteriores se inventó una acción por la izquierda que desembocaría en penalti. Momento para soñar. Y el sueño lo consumó una de las apariciones de las últimas semanas. Cogió el balón Lolo González en cuanto el colegiado señaló la pena máxima. La incredulidad se apoderaba de la grada, que desconocía las habilidades del mediocentro desde los once metros. Poco a poco, comenzó a extenderse el dato de Lolo, lanzador habitual en el Oviedo ‘B’. Ello remplazó dicha incredulidad por enorme confianza y fe. Y Lolo no defraudó.

Algo más de 20 minutos por delante y un Extremadura que leyó bien esos momentos. Bajando el ritmo del choque, tratando de alargar posesiones y sin riesgos atrás. Fueron minutos de inoperancia del Almería que dieron aire a los locales. Tras ello, regresaría la tormenta. Los últimos instantes fueron de auténtico pánico. Varios centros al área que se pasearon por la portería. También un balón al palo, un posible penalti a Álvaro y un tiro de Saveljich desviado. La agonía se transformó en respiro, éxtasis y enorme tranquilidad cuando el árbitro señaló el final del choque.

Tres puntos en un partido ni mucho menos bueno del Extremadura, en el que fue inferior en muchos tramos del choque. El karma le debía una tras muchos partidos perdidos en el último instante, goles en el descuento y actuaciones muy positivas que no se traducían en puntos. El día en el que el Extremadura fue menos Extremadura, la fe y el pundonor cobraron protagonismo para amarrar un triunfo clave.

Una victoria que sube la moral de cara a dos visitas durísimas a Málaga y A Coruña. La permanencia pasa por el Francisco de la Hera. No obstante, comentó Manuel Mosquera que ellos miran a todos los rivales por igual, y que irán a por los tres puntos a estos dos feudos, ante dos equipos en horas bajas y muy vulnerables. Momento para soñar en Almendralejo.

La alegría en Almendralejo | Foto: Extremadura UD

Notas positivas y negativas

Para finalizar, a modo resumen, varias notas positivas y negativas del Extremadura que dejó el choque. En la parte positiva, la defensa estuvo imperial. Enormes Borja Granero y Pardo en el juego aéreo, ante un correoso delantero como es Álvaro Giménez. También Álex Díez y Bastos en defensa, tanto en la presión como en el balance defensivo y coberturas. El segundo se ha adaptado al carril izquierdo y le ha ganado el puesto a Pomares a base de garra y fe ciega en sus cabalgadas.

También Lolo, consolidado en la posición de ‘5’ en el 4-1-4-1 y dejando a todo un Fausto Tienza en el banquillo. Colocación, orden táctico y físico imponente para sostener a su equipo. Por último, dos nombres propios. Manuel Mosquera, en primer lugar, por acertar en los cambios y conseguir hacer crecer al equipo tras el descanso. En segundo lugar, uno de los capitanes generales aunque no porte el brazalete. Casto lo paró todo, demostró su veteranía en los minutos finales y exigió a los suyos cuando más dudas había. El mejor fichaje de invierno sin duda.

En el ámbito negativo, Ortuño volvió a dejar muestras de frialdad e inoperancia. Tan solo en los últimos minutos ayudó a sus compañeros con varios balones que bajó con calidad. El resto de su partido fue de nuevo flojo. También la línea de jugones, Perea, Kike y Olabe. No consiguieron hacer avanzar a su equipo y los tres esperaban por detrás de balón, generando situaciones de centro con muy pocos rematadores en el área. Deben equilibrar eso y tratar de alternar roles, pues cuentan con condiciones similares y a veces se solapan.

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