Orgullo cadista

Partido de ida y vuelta el vivido en el Ramón de Carranza. Gaditanos y maños cerraban la jornada 33 con un duelo con olor a grandes citas. El Cádiz, que podía dar un salto de gigante en sus aspiraciones por las posiciones de playoff, no consiguió despejar las dudas que estaban situadas sobre el equipo. Álvaro Cervera contaba de nuevo con jugadores de alto calibre como Manu Vallejo o Darwin Machis, que volvían de sus compromisos internacionales. A pesar de ello, el conjunto amarillo también sufría bajas sensibles como las de José Mari, Garrido o Marcos Mauro. Era momento de medir el orgullo cadista. También de observar la capacidad de sufrimiento zaragocista.

La jornada había sido cómplice para adelantar plazas pero el Zaragoza viajó a Carranza a luchar por sus aspiraciones. Los aragoneses ven el descenso por el retrovisor y cuanto antes certifiquen la permanencia, antes alcanzaran la tranquilidad para pensar en proyectos futuros. El plantel dirigido por Víctor Fernández llegó a Cádiz con un sistema muy estudiado para desactivar los activos amarillos. Un 3-5-2 con Delmás y Carlos Nieto como carrileros, Pep Biel por delante de James y Eguaras, y arriba Pombo junto a Álvaro Vázquez como referencia ofensiva.

Por su parte, Cervera dejó sin convocar al observado Correa y apostó por David Carmona. Matos volvía al lateral izquierdo por Alfonso Espino. El doble pivote, que sufriría de lo lindo en la primera mitad, lo ocuparon Edu y Álex. En la parcela ofensiva: Machis a la izquierda, Manu a la derecha y Jairo por detrás de Lekic.

Víctor Fernández barrió tácticamente a Álvaro Cervera

En el ámbito táctico no hubo color. Sólo un error a la hora de sacar el balón con posterior genialidad de Darwin Machis oscureció la primera mitad maña. Víctor Fernández preparó el partido a conciencia y su plan fue ejecutado a la perfección por sus jugadores. Era una apuesta arriesgada, pero funcionó. Defensa de tres con una consigna clara para Verdasca: ser la sombra de Machis. El Cádiz quería salir con el venezolano rápido a la hora de robar el balón pero, siempre pegado a él, estaba el zaguero portugués. El planteamiento visitante anuló a Lekic, que fue una isla, y mantuvo desconectados a Vallejo y Jairo, que intercambiaron su posición a la media hora de encuentro con el fin de desconcertar a la defensa. Ni por esas.

Con el esférico en su posesión, el Real Zaragoza estiraba el campo mediante sus carrileros. Los desajustes defensivos por parte del equipo amarillo eran graves. Todo este cóctel se tradujo en un primer tiempo de dominio absoluto para el Zaragoza.

Edu Ramos y Álex Fernández se vieron desbordados por la poblada medular visitante. James campó por el césped con total libertad. Por si fuera poco, también lo hicieron Pombo y Pep Biel. En el minuto 16, tras una falta de entendimiento en la zaga, James aprovechó para habilitar a Pep Biel y que el balear colocara el primero en el marcador. Veinte minutos más tarde, con un Zaragoza muy reconocible sobre el césped, llegaría el segundo. Carlos Nieto se libra de Carmona, se escora hacia el medio y filtra para que, de nuevo Pep Biel, anotara tras regatear a Cifuentes.

La esperanza amarilla se apagó tras las reanudación

Vallejo anduvo desacertado y generó poca profundidad y superioridad junto con Carmona. Sólo Machis daba atisbos de esperanza cuando encaraba, pero sus centros nunca encontraban rematador. Será por eso que, en la última que tuvo antes del descanso, decidió dejar tres defensas a sus espaldas y batir a Cristian con un potente disparo.

Con el 1-2, se esperaba que tras la reanudación el Cádiz saliera a morder al Zaragoza. Sin señales de un cambio táctico aparente, Cervera dio entrada a Vincenzo Renella y sacó a Lekic del césped. Nada más lejos de la realidad. Tras un saque de esquina blanquiazul, Vallejo no acierta al despejar y el balón cae en los pies de James. El nigeriano colocó un centro perfecto para que Carlos Nieto hiciera su primer gol de la temporada. Habían trascurrido apenas tres minutos de la segunda mitad y las esperanzas del público en el descanso se desvanecían.

Era el propio equipo el que transmitía la sensación de vencimiento. El feudo gaditano únicamente había visto ganar en su propia cara al Alcorcón allá por el mes de septiembre. Volvía a enmudecer Carranza. El Zaragoza había calmado los ánimos. Pero cambió todo. Justo ahí fue cuando apareció el espíritu amarillo. Las ganas de toda una afición, de los que cantan con más fuerza cuando su club va perdiendo.

Nunca des por muerto al Cádiz en Carranza

La mentalidad cambió y la remontada comenzó a sentirse real. En la cabeza de Cervera ya se estaba tramando una revolución táctica para morir por el encuentro. Para ir entrando en calor, el colegiado anuló un gol legal a Renella por supuesta falta en el forcejeo. No se lo creía el italiano. A todo esto, el técnico cadista ya tenía a los futbolistas elegidos: Aketxe y Salvi. Mientras daba sus últimas indicaciones, todo se apresuró para crear una burbuja perfecta. Una falta al borde el área caldeó al cadismo. Tenía que ser de Ager. Así fue. Ager salió, colocó el esférico y, como si de magia se tratara, lo mandó al fondo de la portería.

El partido tomó otro rumbo. Álvaro Cervera prescindió de sus dos laterales, ampliamente superados en la primera mitad, para dar entrada a dos hombres de ataque. Jairo y Aketxe se colocaron en los laterales con una vocación claramente ofensiva. Salvi pasó a la banda derecha, Manu a la mediapunta y Machis al flanco izquierdo. El encuentro se sumó al desenfreno. El colegiado entró en psicosis tarjetera, y cada falta cercana a la portería defendida por Cristian se celebraba como un penalti en la grada. A falta de infracciones concebidas como penaltis, llegó el penalti.

Salvi centró raso al área, dónde andaba Manu Vallejo. El canterano se adelantó a Álex Muñoz y éste derrumbó con su pierna diestra al atacante. El encargado fue Álex, que asumió la responsabilidad y colocó el empate en el marcador. Así se demostró que la capacidad de reacción de los de Cervera existe. El aficionado al Cádiz volvió a ver fallos, pero también se percató de que estos jugadores tienen orgullo y amor propio. Un orgullo y un amor que, si los sueños lo permiten, lo pueden llevar a Primera.

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