El Sporting y El Molinón, caldera en ebullición 

D. José Alberto López Menéndez. El factor diferencial para que El Molinón ECQ vuelva a rugir. Para que se convierta en una caldera en tremenda ebullición, que hace estallar las cualidades psicológicas de sus jugadores, los del Real Sporting. Ante el Granada empezó todo y precisamente ante los nazaríes parece cerrarse el círculo. Ese en cuyo interior se encuentra un Sporting metido de lleno en la lucha por el playoff.

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José Alberto, en la banda | Foto de Luis Manso

José Alberto se hizo cargo de un equipo a la deriva, sin rumbo. Carente de plan, de espíritu y de alma. Así entregó Baraja al Sporting y cuatro meses después, 20 partidos mediante, la metamorfosis rojiblanca es total. Una afición hundida, decepcionada con su equipo y entregada a un destino indeseado ha visto como su perspectiva gira 360 grados. Ahora su equipo la representa y ellos, El Molinón, los llevan en volandas. Gijón cree.

Un Sporting muy Real

Y cree porque su equipo le ofrece motivos para tener fe. El Sporting se ha armado desde atrás, desde una zona defensiva en la que Diego Mariño vuelve a realizar milagros en forma de paradas. Sus escuderos, Babin y Peybernes, portan escudos infranqueables y en los costados, Geraldes y Molinero aportan la mezcla perfecta entre la contención y la amenaza.

 

En la medular, Cofie es ese ancla que cualquier equipo necesita. El ghanes ha evolucionado de forma espectacular desde el inicio, aparentando ser un jugador renovado. A su lado, escoltando sus tareas defensivas y creando fútbol un Nacho Méndez que se ha convertido en un futbolista imprescindible.

El Sporting amenaza por los extremos, y allí Aitor García y Traver están siendo puntales ofensivos, amenazas constantes y trabajadores incansables. Y arriba, una pareja totalmente complementaria.

Y como colofón, Djuka y Alegría 

La llegada de Álex Alegría, por otra parte, ha supuesto un tremendo alivio a un Djurdjevic que vivía en una isla. Djuka, a día de hoy es otro. Es ese delantero que llegase en verano con vitola de estrella, un delantero repleto de cualidades, ahora en un equipo preparado para permitirle explotarlas. Incordio constante para las defensas rivales, ahora su velocidad, potencia y olfato gozan de las herramientas para poner la guinda a un equipo potente en ambas áreas. Y para ello, Álex ha supuesto ese himno de la Alegría, compañía imponderable, capaz de convertir a un náufrago en un espectacular dueto.

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Djuka, amenaza constante | Foto de Luis Manso

Y así, entre una metamorfosis espectacular gestada desde un trabajo inmenso y una fuerza mental prodigiosa, el Sporting ha vuelto a la pelea. Alimentado por una hinchada que empuja como pocas. Convencida de que el sueño es posible, porque ya lo han vivido antes y son conscientes de que su fuerza puede ser la clave. El sportinguismo, no cabe dudad, ha entrado en ebullición.

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