Extremadura, crecer en la dificultad

La temporada del retorno del fútbol extremeño al fútbol profesional se ha convertido en un vaivén de emociones. El Extremadura UD abrió la puerta grande para volver, es innegable. Como lo es que se esperaban dificultades para adaptarse a un nuevo escenario, el de una Liga 1|2|3 que no espera a nadie.

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Un comienzo ilusionante con Sabas, dio paso a una crisis a la que el técnico del ascenso no sobrevivió. Llegó Rodri, que pareció enderezar el camino, pero pronto se torció. Contó con Enric Gallego, el depredador de la categoría, pero el Huesca llamó a la puerta y la élite se lo arrebató.

Y cuando a Rodri lo devoró la situación, llegó Manuel Mosquera para ocupar el banquillo. Puro ADN azulgrana, icono de la época dorada del fútbol en Extremadura. Con Manuel no sólo aterrizó un técnico, con él un torrente de ilusión y vitalidad se instalaba en Almendralejo.

La mano gigante

Porque Manuel ha invocado a la mano gigante. Esa que, desde la grada, mece y acuna al equipo. Una masa social volcada en el objetivo azulgrana. Con Manuel, el Extremadura ha experimentado la sensación de que un Mesías protegerá el hogar. Para empezar, mostrando a un equipo capaz de plantar cara a gigantes con buen juego. Pero también, impregnando de espíritu a sus discípulos para que puedan crecer en la adversidad.

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Esto último es lo que han hecho en sus dos últimos envites. Lo hizo ante el Almería en el Francisco de la Hera y una semana después lo han mejorado en La Rosaleda. Dos victorias encadenadas que dinamitan la zona baja de la tabla y dejan claro que en Almendralejo habrá resistencia.

Y seguir apretando 

Porque en esa fraticida pelea en la zona baja, hasta el rabo todo es toro. Bien lo sabe Manuel, consciente de que para escapar al infierno habrá que seguir apretando hasta el final. En Coruña, Tarragona, Alcorcón y Cádiz. Y también en el ‘Paquito’, ante Tete, Zaragoza, Lugo y Mallorca. Cada partido, una batalla. Cada envite, una final.

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