Pacheta y la ira contenida franjiverde

La ira. Uno de los siete pecados capitales. A ella aludió Pacheta en la previa del envite ante el Albacete y por ella le preguntó Juanma Sánchez, redactor de Fondo Segunda, en la rueda de prensa posterior al técnico franjiverde. Pacheta invocaba a la ira en su equipo, pero una ira contenida.

Pacheta

Iván Sánchez encarando | Diario Información

La ira es un sentimiento no ordenado, sin control, de odio y enfado. De tal forma, Pacheta demandaba control sobre un concepto descontrolado por naturaleza. Sin embargo, y pese a la contradicción, Pacheta era dueño y responsable de sus palabras, que cobran sentido al desgranar a su equipo. Un Elche CF que bien merece una portada.

El Elche, un equipo rebelde e inconformista

La ira conlleva un sentimiento de odio y enfado. Quizá Pacheta no invocase al odio, pero sí que demandaba de su equipo que derramase rabia, en cierto modo enfado, sobre el verde. Garra, coraje y pundonor para medirse a un coloso. Que se rebelase ante la adversidad y los factores que iban a dificultar la labor a sus futbolistas. Y como no, a sus jugadores invitaba a negar de forma vehemente la verdad, esa que indicaba que el favorito era el rival. Todas ellas, sin excepción, son manifestaciones asociadas a la ira.

Pacheta

Pacheta da instrucciones | Cadena Ser

El técnico del Elche eligió la ira probablemente porque es el único pecado capital que no necesariamente se relaciona con el egoísmo. Quizá también por ello usaba el matiz del control, para invocar a esa vertiente de la ira en la que el interés colectivo prevaleciese. Una ira que desencadenara el máximo esfuerzo, tensión y atención en un grupo cuyo objetivo estaba cerca. Una manera de demandar inconformismo a su plantilla en una fase de la temporada en la que podía pesar el factor emocional. Y Pacheta lo consiguió, como reconoció en rueda de prensa. La ira contenida fue protagonista en el Carlos Belmonte.

Un Elche en constante evolución y crecimiento 

Y es que el Elche ha venido creciendo desde inicio de temporada. De menos a más, con constancia y trabajo, hoy los franjiverdes son un equipo fiable, reconocible y competitivo.

Construido por los cimientos, el equipo de Pacheta es un bloque. Uno al que meter mano constituye una jaqueca terrible para cualquier rival. Una plantilla con continuidad, que mantiene piezas de la temporada del ascenso, lo cual ha facilitado el crecimiento desde la cohesión pese al cambio de categoría. Defensivamente fiables, no sólo por los componentes de la línea más atrasada sino por el trabajo colectivo. Desde esas premisas, romper al Elche y hacerles daño no es tarea sencilla.

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Con el paso del tiempo, las virtudes del bloque en fase defensiva se han trasladado de igual forma al trabajo ofensivo. Pacheta ha encontrado la fórmula exacta para que el equipo sepa protegerse y paralelamente haya aprendido a moverse en ataque para dañar a las defensas rivales. Sin importar su nombre, composición o estado de forma. El Elche se ha convertido en uno de los mejores equipos de la categoría, sin hacer ruido, controlando su progresión.

Un equipo que no renuncia a nada y un jugador clave en la progresión 

Así, Pacheta buscaba reactivar a un vestuario que veía cerca el objetivo para recordarles que no estaba cerrado. Y que la ambición, la búsqueda del máximo en cualquier contexto, es un requisito indispensable en su filosofía. El Elche, de momento, no renuncia a nada. Conscientes de la dificultad del objetivo y de que no se encuentra únicamente en sus manos, los franjiverdes lucharán hasta el final.

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Yacine Qasmi, la inteligencia | TeleElx

Y en esa lucha, un jugador ha emergido como fundamental. Yacine Qasmi llegaba el pasado mercado invernal para tratar de paliar la salida de Sory Kaba. No parecía sencillo hacer olvidar al joven delantero, pero el marroquí con su inteligencia, riqueza de movimientos y capacidad asociativa lo ha hecho de forma exprés. Pero de esta historia, seguro, podremos hablar en otro momento. Se trata de un análisis individual y aquí, en estas líneas, como en la mente de Pacheta, sólo hay cabida para lo colectivo. Aunque nos quedemos, como el Elche, con la ira contenida.

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