Monteagudo, guillotina por sorpresa

Por números no sorprende, y por contra ha cogido a casi todos por sorpresa. Alberto Monteagudo ha sido destituido como técnico del CD Lugo. La derrota ante el Granada CF ha sido el detonante de una decisión que, por lo que trasciende, el club meditaba desde hace al menos una semana. La victoria en Córdoba aplazó un cese que se venía gestando en silencio. Tanto que llegó cuando nadie lo sospechaba. Una guillotina por sorpresa.

Seis meses de vaivenes y contrastes

Monteagudo llegó a Lugo en sustitución de un Javi López que fue un estrepitoso fracaso, en parte consecuencia de una planificación deficiente. La plantilla no estaba a la altura de la categoría y López se esforzó en sacar jugo a una naranja ya exprimida. Obviamente, no lo logró y fue despedido. En su lugar, llegaba Alberto Monteagudo. De ello hace ya seis meses.

Monteagudo

Monteagudo, destituido | Cope

En este tiempo, el técnico ha mostrado más sombras que luces. En cualquier caso, ha tenido fases de juego decente y resultados aceptables. Sin embargo, por fases su ciclo parecía agotado. Sus ideas confusas y su plan inexistente. Reforzado el equipo en el mercado invernal, la plantilla mejoró cualitativamente y, pese a ello, Monteagudo no encontraba el camino.

Deficiente gestión de las dificultades

Si bien es cierto que le han golpeado lesiones inoportunas como las de Seoane y Pita, no lo es menos que su gestión de las dificultades ha sido deficiente. Continuos cambios de rumbo, toma de decisiones cuestionables y variaciones continuas en un once que, en consecuencia, nunca fue un bloque. Probablemente, las de hoy, fueron la gota que colmaba el vaso. Josete, central, ocupando la medular de inicio, dejando a Sergio Gil en el banco. La lesión de Tete Morente, solucionada con la inclusión de Gerard Valentín para un doble lateral que daba la razón a sus detractores, que le acusan de conservador.

Monteagudo

Monteagudo, entre vaivenes | TVG

Pero habría más. Por debajo en el marcador, los cambios se limitaron a mover piezas en punta de ataque sin buscar alternativa alguna para sorprender y dañar a un rival defensivamente sobrio. El partido acabó con Sergio Gil y Juan Muñiz en el banco y con Josete en el mediocentro. El equipo lucense no fue inferior a un Granada que lucha por el ascenso, pero queda el poso de que dicha virtud no tiene origen en el banquillo. Y más allá de ello, deja la sensación de que con una lectura inteligente desde la banda quizá el partido no se hubiera escapado.

En definitiva, el ciclo de Alberto Monteagudo ha llegado a su fin. Seis meses después, el equipo gallego está un punto por encima del descenso, aunque podría acabar la jornada en el pozo. El Lugo tiene siete jornadas por delante para escapar de la quema y ahora debe escoger al guía para eludir el infierno. Eloy Jiménez suena con fuerza, esa fuerza que los lucenses van a necesitar en la recta final. Mimbres existen, pero el tiempo aprieta.

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