UD Almería, licencia para soñar 

Licencia, permiso para realizar algo en concreto. Habitualmente, es necesario atravesar un sendero de pruebas o exámenes, incluso reválidas, para obtenerla. Ese algo para la UD Almería, a estas alturas de temporada, es soñar. Desde el propio club se han apoyado en ello como eslogan para recibir al Real Oviedo la próxima jornada. Y es que los de Fran Fernández han atravesado un sendero de 35 complejos pasos hasta presentarse en la recta final optando a adquirir su licencia.

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Con el objetivo de la permanencia certificado, el Almería se presentó en Tenerife para despejar dudas. Interrogantes acerca de si pensar en grande podría ser una posibilidad o una quimera. El Heliodoro Rodríguez López fue testigo de un Almería que presentaba su candidatura a la lucha por el playoff. Un Almería que puede ofrecerle a su afición la posibilidad de volver a sentir la ilusión. Por pasos.

El regreso de la fe rojiblanca

Porque las últimas temporadas han sido una travesía por el desierto para los indálicos. Temporadas en las que se pasó de la ilusión del retorno por la vía rápida a la élite, a penar durante tres temporadas consecutivas obteniendo la permanencia en el último instante. El pasado verano, la política del club dio un giro, esperado, y apostó por un proyecto sin alardes, de caras menos conocidas, de menor recorrido. Lo único inesperado fue el técnico por el que apostó. Fran Fernández, que se lo había ganado con constancia y méritos, sería el elegido.

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Y justo en esa temporada en la que más dudas amenazaban al rendimiento del equipo, la de peores augurios, fue esa en la que el Almería ha vuelto a carburar. Como un coche de alta gama, pero sin serlo. Un equipo en el que destacar a un jugador por encima del resto resulta un quebradero de cabeza. Porque es precisamente eso, el conjunto, lo que resalta como la mayor de las virtudes.

Almería adquiere brillo en miles de ojos al observar a sus René Román, Romera, Saveljich, Eteki, Rioja, Corpas, Juan Carlos o Álvaro Giménez. Jugadores sin status de estrellas de la categoría, pero con alma guerrera, con alma luchadora, con hambre e ilusión. Y es que este equipo ha devuelto a la ciudad almeriense la ilusión y el orgullo por su club. Le ha devuelto la fe.

La hora de la verdad

Y así, ha llegado la hora de la verdad. Quedan siete pasos más en esta temporada y el Almería los afronta con cierta desventaja de puntos. Consciente de la dificultad, Fran Fernández advertía tras el partido en Tenerife: “Estamos compitiendo contra auténticos Ferrari, y nosotros con nuestro pequeño motor estamos llegando poco a poco a ellos y vamos a ver si al final ganamos la carrera”.

Lo cierto es que, a lo largo de la temporada, el conjunto almeriense ha mostrado argumentos de sobra en cuanto a fútbol, eso sí, carente por lo general de la pegada que se presupone a los aspirantes. Sin embargo, en las últimas jornadas parecen haber encontrado los rojiblancos esa definición, a veces incluso superando momentos de disminución en el rendimiento futbolístico.

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La presión alta, la lucha continua, la riqueza como bloque, la unión como colectivo, el achique de espacios, la seguridad defensiva, la asociación de su segunda línea de ataque y la descarga de Álvaro Giménez para ofrecer fútbol a sus compañeros y amenazar a los rivales. Todas esas virtudes y señas de identidad que el buque rojiblanco ha conseguido convertir en algo frecuente.

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En cualquier caso, es el momento de mostrar personalidad, de mostrar esa fe a la que nos referíamos unas líneas atrás. Sin nada que perder, tan sólo por la posibilidad de soñar, el Almería tendrá ante el Real Oviedo un partido clave para situarse en la lucha por el playoff o dejarlo definitivamente lejos. Curiosamente, ante un rival que pone en juego exactamente lo mismo, aunque eso sí, el Real Oviedo partía con ese objetivo de base, los carbayones sí tienen esa presión por no dejar escapar algo que siempre fue su objetivo.

Así pues, Almería quiere soñar. Se ha ganado el permiso para hacerlo. Y de momento, nada ni nadie le ha despertado del sueño.

 

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