Nino, eterno goleador

Con la ilusión de un juvenil, aunque con el físico de alguien cercano a la jubilación, Francisco Martínez Modesto continúa mostrando sus virtudes por todos los rincones de España. Sí, es Nino. El sonido de ambulancia en las celebraciones, en las narraciones de sus goles, continúa veinte años después sonando con asiduidad.

Nino

Nino, ante el Almería | Alicante Plaza

Con una trayectoria de tal calibre, de números tan superlativos como los del futbolista nacido en Vera, los calificativos se agotan. Habitualmente tendemos a simplificar el fútbol al máximo, escribimos y hablamos de gol sin otorgar la importancia debida al hecho de llevarlo inyectado en vena. La sensación con Nino es la de que, lejos del calor del hogar, sus virtudes no se ponen en valor tanto como su rendimiento merece. Nino es una estirpe en peligro de extinción. Goleadores hay muchos, eternos pocos. Y Nino es uno de ellos.

Una carrera inagotable y extraordinaria

Porque Nino huele la sangre, estudia a la presa y le hinca el diente cuando menos lo espera. Es un goleador insaciable, que debutó hace ya 20 años en la categoría de plata. A día de hoy, es leyenda viva de la categoría. Máximo goleador histórico de Segunda División, con los siete tanto que ya suma esta temporada, alcanza los 187. Pero no sólo es leyenda en la competición, sino también en su club. En Elche su sombra es alargada, como lo es en todos y cada uno de los clubes por los que ha pasado en su carrera. Si bien en Elche ha superado los 400 encuentros defendiendo la franjiverde, en Tenerife o Pamplona su recuerdo es también imborrable.

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Nino, en El Molinón | El Desmarque

Siempre dejando huella, cerca de cumplir los 39 años Nino no se cansa de hacer goles. El Sporting de Gijón, al que marcó hace unas jornadas, es una de sus víctimas preferidas. Pero con sus cifras, será difícil encontrar un equipo al que se haya enfrentado y al que no haya dañado. El de Vera ha sabido reinventarse con el paso de los años. De ser una referencia ofensiva, veloz y peligrosa al espacio, a retrasar su posición a la segunda línea, desde la que asociarse con una tremenda inteligencia y encontrar los espacios por lectura del juego. La experiencia, sin duda, es un factor clave en esta reconversión. Sin embargo, sólo los verdaderos cerebros del fútbol son capaces de una evolución tan brillante sin ver sus números dañados.

Nino, un pregonero del gol

Y es que Nino es el pregonero del gol. Su sóla presencia ya anuncia que el peligro se acerca y, sin embargo, para el contrario es prácticamente imposible evitarlo. Un delantero que se presenta en cada estadio anunciando su intención de anotar, advirtiendo de sus intenciones a unos rivales que, sin explicación lógica, no detectan su presencia en los momentos clave, en esos en los que aparece para enviar el esférico a la jaula.

Es como si supieras que Nino te va a matar, te preparases con todas tus armas para evitar el zarpazo y, sin embargo,  sucede. Los motivos de ello están explicados en las líneas superiores. Inteligencia, experiencia, lectura del juego, rapidez de mente. Un pregonero del gol que se oculta entre sus virtudes para continuar escribiendo la historia con disimulo. Es Nino, es el pregonero del gol que disfrutan, mientras pueden, a orillas del Martínez Valero.

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