Sensaciones. El fútbol muchas veces se reduce a sensaciones, aquel sabor de boca que te deja tu equipo en un momento dado. Dos contextos muy diferentes que podrían acabar en igual puerto, pero que generarían una sensación opuesta. Uno de ellos, en el que hubiera continuado Muñiz y otro este nuevo panorama con Víctor Sánchez del Amo. La respuesta parece obvia y resulta evidente que no es lo mismo quedarse finalmente sin ascender con un equipo como el actual Málaga, en relación a la racanería del cuadro de Muñiz.

El Málaga de Víctor Sánchez del Amo venció y convenció en su duelo directo ante el Oviedo en un encuentro marcado por una expulsión que no terminaría siendo trascendental. Keidi Baré perdió la referencia de su defensor y propinó una brutal patada que supuso la roja directa. El partido ya estaba 1-0 gracias al gol de Adrián desde los once metros, cuando mejor estaba el cuadro visitante.

Víctor

La felicidad del salvador | Foto: Málaga CF

Tras eso llegaría una genialidad para el 2-0 que merece mención aparte. En la segunda mitad, los malagueños leyeron el partido a la perfección, combinando tramos de dominio y posesión con otros de sufrir un poco más atrás, lógico debido a la necesidad del Oviedo y el contexto de jugar con un hombre menos. Sería Cifu, tras un gran contraataque y asistencia de Blanco Leschuk, quien definiría como un auténtico ‘9’ para poner el 3-0 definitivo. Un nuevo Málaga cuyo proceso de mejoría culminó ante el cuadro asturiano.

Culmina el proceso de mejoría con Víctor

La mejoría y la evolución del nuevo Málaga ya comenzó en Santo Domingo. Un contundente 1-4 que ya anticipó lo que se venía. Equipo más valiente, con dos extremos puros en lugar de uno, solidez en la medular con un tridente de garantías y una defensa en la que sí que habría ajustes a lo largo de estas cuatro jornadas con Víctor Sánchez del Amo. Pese a ello, ante el Oviedo confió en Cifu, Luis Hernández y Pau Torres, a priori tres indiscutibles, y un carril izquierdo ocupado por Juankar que, junto a las opciones de Diego González y Ricca, se antoja como la única posición que puede cambiar de dueño.

La derrota ante el Mallorca en La Rosaleda y el empate en Cádiz supusieron un pequeño paso atrás. El equipo no encontró las mismas facilidades en ataque y sufrió en la creación. Sin embargo, llegaría el choque ante el Oviedo y con ello el éxtasis. Partido completísimo, buena lectura de las ventajas en el marcador, 4-4-1 muy sólido con la expulsión de Keidi Bare y un centro de campo con dos titanes como Adrián y N’Diaye.

Ontiveros lidera un ataque consolidado

Lo que parece haberse asentado en los planes de Sánchez del Amo es el centro del campo y la ofensiva malacitana. Un 4-1-4-1 definido con Keidi Bare de pivote constructor de juego, siempre cerca de los centrales para sacar el balón jugado. Por delante, N´Diaye y Adrián comparten el rol de ‘box to box’. Uno con más calidad, otro con más potencia, pero ambos con tendencias ofensivas, de sorprender desde atrás y más desahogados con la presencia de un ‘5’ a sus espaldas.

Mención aparte merece el propio Adrián González. Capitán tanto cuando porta el brazalete como cuando no. No se le cayeron los anillos por pasar de primera a segunda división. Su humildad, entrega, sacrificio, unido a su calidad y su capacidad goleadora llegando en segunda línea ofrecen al equipo una baza clave a lo largo del curso. Máximo goleador del equipo con nueve dianas, segundo que más tira a puerta del equipo, segundo con más pases tras Pau Torres, y segundo en recuperaciones de balón tras N’Diaye. Completo en todas las facetas del juego.

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A la derecha un Renato Santos que empieza a demostrar que los destellos de pretemporada forman parte de su ADN. En la punta de ataque, el ‘Tiburón’ Leschuk. Un desahogo constante para el equipo que no necesita meter goles para ayudar. Su facilidad para bajar balones y descargar de cara es una bendición para esos roles ya mencionados de llegador de N’Diaye y Adrián.

Y la guinda la pone Ontiveros. Ya avisó ante el Alcorcón que con el cambio de entrenador no iba a bajarse de la titularidad. Su partido ante el Oviedo fue memorable. Forzó el penalti que supuso el 1-0, maravilló a todos con un golazo en el 2-0 y ofreció todo aquello que es capaz de dar y que se le debe exigir cada semana. Desborde, atrevimiento para encarar, letal en las diagonales de fuera a dentro y con un gran disparo desde la frontal. Ha llegado para quedarse y ha de ser fundamental en la escalada por el ascenso. Aquí el mapa de calor de su ubicación sobre el césped ante el Oviedo:

Mapa de calor de la ubicación de Ontiveros ante el Oviedo | Fuente: Diario AS

¿Llegan a tiempo?

A priori parece que sí. A día de hoy es quinto con 62 puntos, pero empezará la jornada 39 cuarto con 65 gracias al +3 automático ante el Reus. Es decir, la victoria de seis puntos ante el Oviedo le deja en un lugar privilegiado. Por delante, Zaragoza en casa, un brutal Albacete – Málaga y Elche como local para cerrar la temporada. Todo pasa por hacer fuerte su feudo y tratar de rascar en tierras manchegas, donde podrá incluso pelear por un ascenso directo que sí parece más inalcanzable.

Víctor Sánchez del Amo ha dotado al equipo de todo aquello que no tenía con Muñiz. Salida de balón más atrevida donde la calidad de Pau Torres y la persistencia de Keidi Bare cobran relevancia. Adrián ayudando también en la creación, e incluso N’Diaye que formó buenas triangulaciones ante el Oviedo en creación de juego.

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Pero sobre todo, lo fundamental nace desde la anarquía con la que ha dotado a Renato y Ontiveros. Tienen libertad, encaran. Se benefician también de la profundidad de los laterales para trazar diagonales interiores. Sufrió mucho la medular del Oviedo con ello, ya que Jimmy y Tejera acudían a las vigilancias cuando los extremos blanquiazules tiraban a dentro. Con ello, N’Diaye y Adrián perdían la marca y recibían desmarcados, pudiendo con ello volver abrir a los laterales que se incorporaban al ataque.

Víctor

Los malagueños llegan vivos al sprint final | Foto: Málaga CF

Otra seña de identidad es el no encerrarse con ventaja en el marcador. En su último partido vimos a un Málaga incisivo con 1-0, que buscó el segundo tanto pese a estar con 10. Lo rozó Ontiveros en primera instancia pero luego no la desaprovechó. También en la segunda mitad trató de protegerse con balón y no renunciar a sentenciar el encuentro. Clave ese cambio de dinámica, tanto por una mejor energía de los jugadores como a la hora de mantener la comunión con la grada, que ahora sí disfruta con su equipo.

En definitiva, revolución en Málaga que tiene nombres y apellidos. Víctor Sánchez del Amo ha devuelto la ilusión a través de un juego alegre, algo libertino y con señas de identidad propias de la calidad de los jugadores con los que cuenta. Mejor tarde que nunca y el Málaga está a tiempo de soñar.

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