Mallorca y la bendita locura

Es una bendita locura. Sin más. Es la Liga 1|2|3. El Deportivo de la Coruña llegaba a Son Moix con un 2-0 de la ida. Las probabilidades de remontada en la mayoría de los casos con un resultado así serían mínimas. Incluso el convencimiento. Pero Mallorca creía. Lo veía real. Y como dijo Salva Sevilla a posteriori, “cuando crees en las cosas de verdad, puede pasar esto”. Y pasó. El Mallorca remontó. El Mallorca es de Primera. Hace un año estaban en el infierno y hoy están en el cielo. Fútbol. Sin más. Bendita locura.

La guerra perdida de los banquillos

Todo comenzó con el planteamiento inicial. De un lado, Vicente Moreno, fiel a una idea, valiente, firme. Del otro José Luis Martí. Dentro de la mente del técnico deportivistas parecía ronronear lo que vivió en Tenerife. No fue valiente, sino todo lo contrario. No buscó o no lo aparentó, un gol que obligase al rival. Lo que planteó fue no recibir más de un gol, sin amenazar, y eso al final pareció un suicidio.

Bendita locura

Salva Sevilla, admirando la celebración | Albert Riera

En ese contexto, el Mallorca fue feliz. Salva Sevilla fue feliz. Y si el birjitano goza de felicidad, el fútbol se desparrama. El recital del almeriense era de los que quedan en la memoria. El faro por el que pasaba todo, el que señalaba el camino. Al descanso, una ventaja mínima para el Mallorca en el marcador, pero una inmensa en sensaciones. El Dépor no era nada, los bermellones un torbellino repleto de convicción.

Todos los caminos llevaban al mismo desenlace

La primera parte no sirvió de lección al Dépor. Sin reacción gallega, el Mallorca aprovechó la inercia que ya se había establecido. Y Salva Sevilla puso el guante al partido. Con el que alojó a su mejor amiga, la pelota, en el fondo de la jaula de Dani Giménez. Seguro que Juan Carlos y Carmen, sus amigos unidos en matrimonio un día antes, disculpan su ausencia a cambio de una exhibición como la suya.

Bendita locura

Abdón Prats, celebrando | RCD Mallorca

Lo difícil estaba conseguido, pero en tal situación y sin reacción rival, llegó la puntilla de Abdón Prats. El delantero terminó el partido roto, pero antes puso su nombre en la historia bermellona. La de un equipo que hace un año sufría en Segunda B y que ahora es de Primera. Si es que alguna vez dejó de serlo.

Premio a la regularidad, castigo a la cobardía

Así se llegó al final, así se consumó el ascenso del RCD Mallorca. Y Son Moix fue una fiesta absoluta. El partido dejará marcas imborrables. En lo negativo, especialmente a Martí, la ausencia de Fede Cartabia, la de Carlos Fernández, Vicente como ancla. Decisiones tendentes a la cobardía aunque también marcadas por la incongruencia. En lo positivo, la exhibición de Baba como ese ancla defensiva que añoró su rival.

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Extraordinario encuentro el que se marcó el ghanes, escudero para que Salva Sevilla y Dani Rodríguez pudiesen ser libres para dañar al rival.

Bendita locura

Salva Sevilla, el faro | RCD Mallorca

El Mallorca se llevó el premio. Ese que seguramente mereció durante toda la temporada, por su regularidad, por consistencia. Es la recompensa al trabajo de equipo, al grupo, al bloque.

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