Real Zaragoza, 22.265 y los que quedan 

Siete son los años que han pasado desde que el Real Zaragoza disputó su último partido en Primera División. Siete años de sufrimiento constante, de desencuentros, de penurias, de tormento, martirio y resignación. Siete años en los que la hinchada zaragocista ha sido una mera espectadora de cómo sus futbolistas arrastraban la camiseta por los campos de la Segunda División.

Y aún así, tras estos siete amargos años, la afición sigue respondiendo. Y no solo eso, vuelve a destruir récords que parecían imbatibles. 

La afición haciendo un tifo la anterior campaña. / Foto: AS

Y estas cifras parecen aún más grandes si las comparamos con sus rivales directos por el ascenso. Con la cifra actual de abonados, el Real Zaragoza ya podría casi llenar el Carranza, El Sardiero, Montilivi o el Estadio de Vallecas y completar tres veces el aforo de El Alcoraz. 

Y no solo podemos compararlo con equipos de su misma categoría o país. El club maño superó el año pasado a equipos como el Aston Villa, Sheffield Wednesday, Lens o Hellas Verona, y también a hasta doce equipos de la Primera División española.

Ponerse en pie tras las numerosas caídas

Tras el contínuo atropello por parte de sus antiguos dirigentes, que dejaron al club en estado de coma, la hinchada volvió a responder, uniéndose. En toda España se conoce y se recuerda aquel 17 de Julio del año 2.014. Cuando, sin ningún duelo por disputarse, la ciudad de Zaragoza se vistió de blanquiazul para jugar el partido más importante de sus vidas: conseguir que su equipo no desapareciera. 

Y sí, digo que ese día la afición jugó el partido más importante de la historia del equipo maño. Y lo ganó. Por ello, a esos que dicen que una afición no puede ganar partidos le explicaría yo la grandeza de una afición como la zaragocista. Seguramente, los que afirman lo anterior, no vieron cómo una afición fue capaz, mediante unos simples recibimientos, de llevar a su equipo hasta el playoff estando casi en descenso cinco meses atrás.

Gran respuesta tras un difícil año

Nadie podía pensar que tras la bochornosa temporada que realizó el conjunto aragonés la pasada campaña la afición le devolvería la confianza al equipo de esta manera. Los desencuentros de jugadores con la afición, la división del vestuario y el descontento de la hinchada con la inmóvil presidencia y dirección general hacían presagiar que los registros de abonados de la temporada 2019/2020 iban a ser muchísimos más bajos que los de la anterior.

Pombo, dando explicaciones a los aficionados

Pero la renovación de Víctor Fernández, los movimientos accionariales y el buen hacer de la dirección deportiva -y los que pertenecen a ella implícitamente, claro está- este verano han hecho que la hinchada vuelva a depositar toda su fé en su equipo de toda la vida.

Y es que solo podemos halagar a una afición que tras los casi quince años de infamia que lleva sufriendo, se vuelve a enfundar una temporada más la blanquilla religiosamente todos los domingos para animar a su equipo. El de los aficionados maños en un sentimiento inexplicable. Casi inentendible hasta para gente que sigue el balompié. Un grupo de personas enajenadas que lo dejan todo por su club.  Unos locos de la cabeza que disfrutan año tras año con el sufrimiento. Y que no reblan. Pero bendita locura, amigos.

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