Difícil, por no decir imposible. Ese era el nivel de dificultad que suponía mantener la inercia positiva del pasado curso. La meteórica charla que dio lugar a un sueño, una permanencia necesaria para avanzar. En verano el proyecto creció, tanto a nivel deportivo como institucional. Era el momento de dar un salto. El momento de Mosquera.

Leer más | ‘El primer año de un ambicioso proyecto’

No obstante, los primeros partidos han dejado más sombras que luces. El Extremadura UD necesitaba evolucionar, mejorar en lo futbolístico y no quedarse con el impacto emocional que se dio la pasada campaña con la llegada de Manuel Mosquera. Por el momento, un punto de nueve, dos derrotas y un empate, y lo que es más preocupante, la sensación de que la plantilla ha podido quedarse corta.

El Carranza acrecentó las dudas

El partido en Cádiz no hizo más que mantener las dudas en el ambiente. Los extremeños perdieron en un feudo durísimo, por lo que entraba dentro de las expectativas la posibilidad de caer derrotado allí. No obstante, las sensaciones siguieron siendo muy mejorables. 

Mosquera

Pardo no pasa por su mejor momento de rendimiento | Foto: Extremadura UD

En defensa, el equipo desprende dudas. Pardo está demasiado errático y en muchas ocasiones es Borja Granero el que saca las castañas del fuego. En los costados, Álex Díez está lejos de su mejor nivel, tanto en ataque (menos participativo) como en tareas defensivas. Tampoco se le ve cómodo a Bastos, siempre lastrado por el hecho de jugar a pierna cambiada.

En cuanto al plano ofensivo, falta una buena salida desde atrás, pero sobre todo no existe ese último pase, esa capacidad para plantarse en zona de tres cuartos con ventaja. Kike Márquez recibe muy pocas veces de cara a portería, lo que dificulta, por un lado, que él brille (su mayor virtud es encarar a portería y dividir) y por otro lado que el equipo explote las bandas y la delantera.

Manuel Mosquera cambió el once

Probó el técnico gallego con Sergio Gil de falso extremo derecho en lugar de Pastrana. En defensa se mantenía el 4-4-2 pero en ataque, el ex del Lugo se tiraba a zonas interiores para combinar y crear superioridades. Manuel sigue sin atreverse a quitar a Lomotey, pues le aporta muchísima seguridad defensiva desde el pivote.

Una cosa que supo explotar muy bien el Cádiz es percibir cuándo una banda del Extremadura estaba más despoblada que otra para explotarla. Si era necesario, se cambiaba rápidamente la orientación del juego para que Salvi encarara en uno contra uno a Bastos (se acabó llevando todos los duelos). Por la izquierda, Pacha Espino también hizo sufrir a Álex Díez. Esto ocurría en situaciones en las que, o bien Nono no bajaba, o bien Sergio Gil estaba en zonas interiores y no ayudaba en el dos contra uno por el costado izquierdo gaditano.

A nivel colectivo, falta circulación de balón y movimientos más rápidos. El Extremadura tiene jugadores para combinar y salir con velocidad, y un ejemplo es el golazo que metió ante el Fuenlabrada. Uno o dos toques máximo, Kike Márquez encarando de cara a portería y dividiendo, Álex López con una buena apertura y Nono dibujando la jugada marca de la casa. Ese debe ser el espejo donde mirarse, y repetir esos automatismos en encuentros posteriores.

Kike Márquez sacando un córner en el Carranza | Foto: Extremadura UD

En definitiva, un equipo por pulir. Debe definir a qué quiere jugar y cómo explotar sus armas ofensivas. Sería coherente introducir cambios, alterar la columna vertebral para darle aire fresco al equipo. Caballo apunta a titular, y jugadores como Rocha, Rueda, Pinchi o Mujica esperan más oportunidades. Siguiente duelo, Numancia.

Deja un comentario