Año 2006. Un entrenador poco experimentado se hace cargo de la UD Almería, que militaba en Segunda División. Apenas 35 años y una sola experiencia fructífera en los banquillos (Lorca Deportiva) respaldaba su llegada. Pero aquel hombre sabía mucho de fútbol y lo iba a demostrar. Unai Emery, historia viva de un club joven que vuelve a estar de moda.

Emery, época dorada

Diez meses después, siendo el equipo más goleador de la categoría y llegando a los 80 puntos, Unai Emery hacía historia. Era el primer ascenso a Primera del nuevo club de la capital almeriense. Prensa, club, ciudad y afición se llenaban de júbilo y alegría. Y se unían por una misma razón: acompañar al equipo en su andadura por la máxima categoría del fútbol español.

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Fueron unos años increíbles. Los sábados y domingos no eran días cualquiera, eran días de fútbol, y eso la ciudad lo sabía. Se respiraba un aire de emoción, nervios y compromiso con el equipo, algo que fue yendo de más a menos con el paso del tiempo. 

De la euforia al pesimismo

Con el último descenso a Segunda División, el equipo estuvo al borde del abismo tres temporadas seguidas, donde los últimos partidos eran claves para el destino del club. Partidos agónicos, muchas lágrimas de felicidad por salvar la campaña y cierto desagrado con la directiva y jugadores completaron las últimas jornadas del campeonato liguero.

Un halo de luz al final del tunel

Pero todo cambió. La llegada de Ibán Andrés y Miguel Ángel Corona a la dirección deportiva, y de Fran Fernández, entrenador de la casa, supusieron un soplo de aire fresco para la entidad.

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La temporada pasada se juntaron dos aspectos clave: jugadores con hambre de demostrar su valía y un entrenador con las ideas claras y un juego vistoso, atractivo para el espectador.

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Una fórmula que dio el mejor resultado posible. El equipo se quedó a pocos puntos de la promoción de ascenso. La afición, después de años nefastos, parecía volver a ilusionarse con un equipo en el que predominaba el compromiso y el compañerismo.

Nueva propiedad, nueva era

Una de las frases de Emery que más calaron en la afición almeriense fue la famosa “club, equipo, afición y prensa son las patas del ascenso”. No le faltaba razón.

“El aroma que se respira en tierras almerienses se empieza a parecer a la fragancia de aquel ascenso con Emery”

Este año los unionistas han empezado como un tiro en la liga. Sólo han encajado un gol en los cuatro partidos que se han disputado hasta la fecha, además de sorprender a todos por su juego y colocarse entre los tres primeros clasificados. 

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Pero como bien dijo Emery, “si una de las patas se rompe, la mesa se vuelve inestable”, por lo que, tras años evitando el descenso por la mínima y un año de alegría, la afición vuelve a soñar con aquellas noches en las que el estadio era una caldera y el equipo empujaba como si cada encuentro fuera una final. En parte gracias al cambio de propiedad. Los nuevos dueños vienen dispuestos a triunfar, y ni recursos ni ambición les falta.

La ilusión, de vuelta en el Mediterráneo

Con la llegada de los nuevos propietarios, el gran inicio en liga del equipo, y los ilusionantes fichajes, la cifra de abonados ha subido como la espuma. Más de 9.400 personas ya se han abonado a soñar, y se espera llegar a los 10.000 como mínimo. Parece que lo que dijo Emery en su día de las cuatro patas, puede volver a ser una realidad.

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Trece años después se vuelve a respirar ese aire de ilusión que se respiraba por aquella época. Soñar con el ascenso a estas alturas es algo utópico, por lo que es mejor tener los pies sobre la tierra. Sin embargo, el aroma que se respira en tierras almerienses se empieza a parecer a la fragancia de aquel ascenso con Emery. ¿Repetimos?

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