El carácter tranquilo, pausado, sin alteración inherente a su origen gallego. Talante exportado al terreno de juego, en el que su baile junto a su pareja esférica desborda elegancia. El tiempo parece detenerse cuando el balón llega a sus pies y su cerebro comienza a imaginar fútbol. Es Juan Carlos, talento Real. En Almería, su figura quedó marcada como aquel futbolista capaz de hacer carburar a un equipo. En Huesca, esperan que su figura emerja cuanto antes. Sigilosa, aunque imponente.

Juan Carlos

Juan Carlos celebra con Sergio Gómez | Diario Marca

De momento, bajo las órdenes de Míchel no ha terminado de ganar continuidad. Sin embargo, hace unos días ocupó un lugar en el once y respondió acorde a las expectativas que genera el mediapunta de A Coruña. Primer gol a la mochila en su tercera titularidad. Cerca de sesenta minutos de magia camuflada.

Juan Carlos, un talento muy Real

Y es que, bajo esa aparencia destartalada, Juan Carlos Real esconde un talento innato fabricado a medida para destacar en segunda línea de ataque. Su altura podría llevar a engaño, habrá quien le descubra sobre el verde e imagine un delantero rematador, poderoso juego aéreo. Nada más lejos de la realidad. Su posición no está en punta, sino justo detrás de ella. Ahí, sin los focos señalando como protagonista del gol, encuentra su hábitat. Ese en el que generar gol para sus compañeros, en el que además descubrir los huecos generados por los movimientos de sus compañeros y destaparse también como un llegador con capacidad para anotar.

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Juan Carlos Real, ante todo, es talento. Basta asomarse a la definición del término para confirmarlo. Comenzando por su capacidad, por su aptitud. Enorme, de dimensiones bárbaras. Capaz de entender el fútbol y de divisarlo segundos antes que el resto. Esos segundos que otorgan la ventaja para ejecutar acciones que generan peligro por delante de la capacidad de reacción del rival. Si alcanza el entendimiento con sus compañeros, dicha ventaja se convierte en letal.

Inteligencia y capacidad

Puro talento. Hablábamos de su definición, en la que la inteligencia es piedra angular. Ahí Juan Carlos cuenta igualmente con ventaja. Porque esa capacidad anteriormente referida para entender el fútbol y tenerlo en la mente antes que los demás es sin duda un signo inequívoco de capacidad intelectual. Ocupando todo el frente de la línea ofensiva, sintiéndose cómodo en cualquier espacio. Cualquiera que sea la ubicación en la que se una al balón, se encuentra perfectamente ubicado y a la par ubica a sus compañeros. Capaz de leer los movimientos de las defensas rivales, de encontrar los desmarques de sus acompañantes.

“El carácter tranquilo, pausado, sin alteración inherente a su origen gallego. Talante exportado al terreno de juego, en el que su baile junto a su pareja esférica desborda elegancia. El tiempo parece detenerse cuando el balón llega a sus pies y su cerebro comienza a imaginar fútbol. Es Juan Carlos, talento Real”

Esa sencillez, esa facilidad para desarrollar fútbol. Fútbol que es inherente a su figura. Su capacidad para generarlo es aquello que le convierte en diferencial y que puede otorgar al grupo los detalles para luchar por objetivos ambiciosos. Futbolistas como Juan Carlos Real, en estado puro, otorgan ventaja por sí mismos.

Alcanzar objetivos

Diez goles y cinco asistencias. Juan Carlos Real fue determinante la pasada temporada en al menos quince goles para la UD Almería. Junto a Álvaro Giménez formó una sociedad que hizo soñar por momentos a un equipo que no estaba concebido para ello. En verano, tras meditar mucho su decisión, aceptó el reto de la SD Huesca. Regresó a un lugar que conocía, en el que no mostró todas sus cartas, para ayudar a los oscenses a recuperar su sitio en la máxima categoría.

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De momento, y tras ocho jornadas, sólo en tres de ellas ha obtenido el premio de la titularidad. En una plantilla confeccionada para grandes objetivos, la competencia se eleva sobre la que, a priori, acostumbró tener en tierras andaluzas. Ante el Extremadura, alcanzó un lugar en el once y no defraudó. Un gol y destellos de todo aquello que lleva dentro de sí en términos futbolísticos. Tal y como su personalidad arroja, con paciencia, sin aparentes alteraciones, la tranquilidad por bandera… y el fútbol por montera. Grandes tardes amenazan con amenizar las tardes en El Alcoraz.

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