Uno de los grandes debates que existen en torno al fútbol y a los entrenadores nace de una pregunta: ¿morir con un estilo o adaptarse al rival y a las circunstancias de un partido? En el Sporting de Gijón se ha visto un poco de cada esta temporada. José Alberto comenzó moldeando a su equipo para el trabajo defensivo y las salidas rápidas y verticales. Y la duda que surgió entonces fue cuándo dejaría de hacerlo visto los problemas que tenían. Lo modificó, pero sólo en El Molinón. Fuera de casa, el Sporting es distinto. ¿Con cuál de sus dos caras nos quedamos?


Sporting, un inicio marcado por las turbulencias

La temporada pasada, La Mareona no pudo disfrutar en su plenitud de su equipo. Como histórico que es, el Sporting está atado siempre al mismo objetivo: el ascenso a Primera. Y tras un año en el que ni siquiera se disputaron los ‘playoffs’ en Gijón, llegó un verano ilusionante. Un período estival de muchos fichajes, grandes desembolsos (el fichaje récord del club), vueltas de hijos pródigos… a priori, se había confeccionado un equipo que aspiraba a lo máximo.

Sporting

Un Sporting de dos caras | Diseño por Mair

Pero la puesta en escena no ha estado a la altura del cartel promocional. El fútbol no fluía cuando tenían el balón en las primeras jornadas. La razón era simple. La directiva había fichado a jugadores de gran calidad técnica e idóneos para un juego combinativo, y José Alberto los utilizaba de una manera distinta. Una manera, que en general, no es ni mejor ni peor. Sin embargo, los entrenadores deberían poder sacar el máximo rendimiento a sus jugadores. Y es que fichar a toda una estrella como Manu García pierde su sentido si su función es defender para luego atacar en uno o dos toques. En definitiva, las características de esos futbolistas no son las idóneas para un juego defensivo.

Evolución incompleta

Aun así, se reaccionó a tiempo. Aunque parecía que el técnico ovetense iba a morir con su estilo, rectificó y realizó varios ajustes en su esquema. En el Sporting – Racing se vio un equipo diferente al que había competido hasta ese momento. Se vio un equipo con ganas de dominar el partido, de asfixiar al rival con combinaciones rápidas y con una ambición tremenda.

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Manu García además comenzó a jugar en una posición más natural para él, la de mediapunta, encargándose de llevar la batuta en el ataque. Una tarea que le va como anillo al dedo y que sabe ejecutar a la perfección. Nacho Méndez también ganó protagonismo en el centro del campo, dando buenos recitales de pases y de salidas de balón. Apareció también Álvaro Vázquez, quién despuntó frente al Almería. Con esa movilidad que le permite caer a bandas y al centro del campo y con su capacidad de asociación, le aportaba mucho al equipo tanto en el avance del balón como en lo posicional.

El Sporting de Gijón se está moviendo en círculos. No avanza. O, mejor dicho, avanza y vuelve a retroceder al mismo punto. Lo que gana en casa, lo pierde en sus salidas. La situación no es tan dramática como para desesperarse, pero sí para que se dejen de rodeos”

Pero esa es sólo una cara de la moneda. La bonita, la que han limpiado con esmero y reluce. En la otra, todavía hay mucho trabajo que hacer. Y es que los de José Alberto se transforman lejos de su feudo. La increíble mejora en casa no evitó que, en Málaga y en Fuenlabrada, se volviera al principio. Al juego defensivo. Al bloque que espera atrás. A ese que no da resultado, con el que han perdido bastantes puntos y les hace situarse en el decimoquinto puesto de LaLiga SmartBank. Como si a José Alberto le diera miedo abandonar del todo ese estilo al que es fiel.

Avanzar sin retroceder

El Sporting de Gijón se está moviendo en círculos. No avanza. O, mejor dicho, avanza y vuelve a retroceder al mismo punto. Lo que gana en casa, lo pierde en sus salidas. La situación no es tan dramática como para desesperarse, pero sí para que se dejen de rodeos. Porque a pesar de lo largo que es este campeonato, mientras los de José Alberto han naufragado en un mar de dudas, el resto de equipos, además de distanciarse en la tabla, ya se están entonando, ya saben a lo que tienen que jugar y ya están definiendo su “once tipo”. Es la hora de buscar un estilo que concuerde con los jugadores. Es la hora de la reacción.

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