Adaptarse. Acomodarse o ajustarse respecto a un nuevo contexto, un nuevo hábitat. Realizar las acciones necesarias para encajar en las condiciones del entorno. A las circunstancias y condiciones de un nuevo ecosistema. Es lo que ha tenido que hacer la SD Ponferradina, como los otros seis equipos que han aterrizado en la categoría de plata. Más allá de la irrupción del Fuenla, la puesta en escena del conjunto dirigido por Jon Pérez Bolo es la más llamativa de todas ellas.

Ponferradina

Un bloque sólido y unido | leonoticias


Llamativa por rapidez, pero también por efectividad, por eficiencia. La SD Ponferradina ha realizado pocos ajustes a un conjunto que venía como un tiro desde el infierno. Aunque dichos matices han dotado de identidad y personalidad a un equipo ya de por sí muy reconocible. Con la incorporación de los hermanos Valcarce, que regresan a sus orígenes o la de un Larrea que vuelve tras participar en el ascenso en condición de cedido. También con cesiones, como la de un Russo que se adaptado a la perfección a El Bierzo o la llegada de un Nacho Gil que necesita urgentemente engancharse al rendimiento que requiere el fútbol profesional.

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En definitiva, con una plantilla reconocible, que se reconoce a sí misma y que interioriza automatismos muy definidos por la figura de su entrenador. Con compromiso, indispensable en una categoría tan igualada y competitiva. Y con recursos, y es que sin ellos las demás virtudes podrían considerarse escasas.

Ponferradina, ideas claras

La continuidad del proyecto es sin duda el punto de partida para cimentar las bases de la estabilidad. En dicho sentido el club leonés ha establecido bases sólidas que invitan al optimismo en cuanto al futuro inmediato. Jon Pérez Bolo, el representante de tal logro, llegó a El Toralín para ascender por la vía rápida a un club humilde con ambición reconocida. Con una plantilla compensada por posiciones y especialmente con un once definido y reconocible.

Esta temporada, Bolo está llevando más allá su filosofía. Una idea de fútbol clara, con el denominador común del compromiso. Con el poderío físico como respaldo, aunque con ideas claras en cuanto al juego con y sin balón. En tal contexto, el técnico vasco ha sabido introducir variantes, retoques puntuales e incluso variaciones en el sistema con los que adaptarse a las necesidades de cada situación. Para ello, contar con futbolistas polivalentes es una ventaja añadida.

Yuri o Isi Palazón, nombres propios

La ventaja que te otorga contar con futbolistas en la medular como Pablo Valcarce o Nacho Gil, capaces de adaptarse a diversas posiciones y funciones sobre el terreno de juego. Buena muestra de ello es la aparición de Pablo Valcarce ocupando la banda, su perfil habitual, con eficacia, para también poder aparecer en posiciones más centradas, enlazando entre la medular y la delantera. Riqueza de recursos que convierte al equipo en impredecible, permitiendo sorprender al rival en función de las necesidades propias y debilidades ajenas.

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Yuri. Sí, ese delantero inmortal, eterno, que continúa deleitando a El Toralín. Calidad fuera de toda duda, referente para el conjunto, pilar inequívoco del vestuario. Su capacidad goleadora no se agota, la de asociación le convierte en diferencial. Su sociedad con futbolistas como Kaxe, ilimitada. Un futbolista, éste último, cuya ascensión ha sido meteórica desde la Tercera División hasta convertirse en jugador importante en una Ponferradina de Segunda.

“Convertido en cuadro, si lo colgásemos en la pared, encajaría perfectamente en el ecosistema en el que lo introduzcamos. Esa personalidad camaleónica, seña de identidad que instala la ilusión en Ponferrada”

Si hablamos de nombres propios, debemos cerrar con Isi Palazón. Su irrupción en la Liga SmartBank ha supuesto un soplo de aire fresco para el fútbol de plata. A la velocidad y descaro a la hora de hacer daño por banda, hay que sumar el desequilibrio, pero también su inteligencia para escoger los momentos y los movimientos. Si a todo ello, añadimos capacidad goleadora, nos encontramos con un jugador joven con una proyección enorme al que no podemos perder la pista. Pero que, sobre todo, está ofreciendo a su equipo ese punto diferencial para sumarse a la fiesta de la zona alta.

Un bloque consolidado y firme

Con todo ello, añadir a un bloque sólido, con una defensa férrea, coordinada y expeditiva. Con dos laterales de recorrido en tiempo y espacio. Son es otra de esas sorpresas positivas que ha llevado los focos hacia su figura casi sin reclamarlos. Por rendimiento y constancia, está en el candelero. Y no descuidamos en dicha vigilancia a un Ríos Reina que ya nos deslumbró con la UE Llagostera y que ha regresado para hacernos cuestionar los motivos por los que no tuvo continuidad en plata.

Ponferradina

Yuri, eterno

Sielva pone el sentido al fútbol, el toque, la calidad y la claridad, descongestionando el juego berciano. Apoyado en un Larrea que se convierte en el complemento perfecto, capacitado para ofrecer el equilibrio defensivo, pero también la incorporación y el golpeo como amenaza para el rival. Y todo ello, todas estas piezas individuales, completan un puzzle cuyas piezas encajan por inercia y, convertido en cuadro, si lo colgásemos en la pared, encajaría perfectamente en el ecosistema en el que lo introduzcamos. Esa personalidad camaleónica, seña de identidad que instala la ilusión en Ponferrada.

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