El Albacete se empeña en llamar la atención. Ya se revelaron el curso pasado, cuando accedieron a los ‘playoffs’ con una plantilla que, a priori, se había diseñado para luchar por la permanencia sin muchos apuros. Este año también están destacando. Y es que es imposible no hablar de un equipo que es capaz de derrotar al primer y al segundo clasificado de La Liga SmartBank, pero realiza una actuación mejorable ante un conjunto de mitad de tabla. Por no hablar del “unocerismo”, ese término que empieza a ser parte del nombre del club. Los de Ramis se han convertido en un caso digno de estudio.

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El Alba, capaz de lo mejor y lo peor | Albacete Balompié


Gran evolución en 14 jornadas

Si echamos la vista atrás y visualizamos los tres primeros encuentros del ‘Alba’, para luego observar los tres últimos, se llega a una conclusión: el equipo es otro. Tanto individual como colectivamente. Los nuevos fichajes, que no terminaban de adaptarse, ya son parte imprescindible del grupo. Las ideas que surgían, pero no tenían como ejecutarse, ya funcionan a través de un plan.

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Ramis ha despejado la ecuación a base de caídas, mucho trabajo, experimentos y, sobre todo, paciencia. Un material que escasea en el fútbol y que está a punto de perderse. Y no es extraño que le haya costado dar con la tecla. Se ha encontrado con una plantilla nueva, a la que muchos jugadores llegaron tarde. Y con características completamente diferentes a las que estaba acostumbrado. No parece fácil destruir una idea de juego, para construir otra desde cero y aplicarla a unos jugadores se acaban de conocer. Pues bien, Luis Miguel Ramis lo hizo en un cuarto de competición, encontrando un “once tipo” y un plan idóneo para ellos.

Ramis ha despejado la ecuación a base de caídas, mucho trabajo, experimentos y, sobre todo, paciencia. Un material que escasea en el fútbol y que está a punto de perderse. Y no es extraño que le haya costado dar con la tecla”

Ha diseñado un sistema defensivo que, cuando terminó de construirse, desactivó las armas de las delanteras rivales. Una pieza clave en ese engranaje es Eddy Silvestre, que se ha ganado la titularidad en el centro del campo a base de ‘trabajo sucio’ y rocoso. Pero también, de un gran criterio en la salida de balón, apuntando siempre hacia delante. Y los hombres que tiene detrás tampoco fallan. Caro y Kecojevic hacen méritos cada semana para ser considerados dos de los mejores centrales de la categoría. Los equipos se construyen desde los cimientos, y esa es la actual estructura del Albacete, un equipo con la defensa como punto de partida.

Abandonar el “unocerismo”

Pero todavía no está todo arreglado. Si hay que ponerse exigente y perfeccionista, el club manchego todavía tiene un gran problema: su capacidad ofensiva. Es el principal quebradero de cabeza incluso desde la Jornada 1, cuando se vería por primera vez lo que le costaba al Albacete superar el centro del campo. Se le ha puesto remedio y el crecimiento del conjunto albacetista en esa faceta es notable, pero también a corto plazo. En una liga tan larga como la Segunda División, es pan para hoy y hambre para mañana. Sólo han conseguido vencer a sus rivales por un tanto, una cifra que no siempre será suficiente.

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Sin embargo, los goles terminarán llegando. Es el siguiente paso en el proceso evolutivo que se vive en la localidad albaceteña. Cada vez aparecen más alternativas con balón en un sistema donde el pilar es Manu Fuster, un balón de oxígeno para la zona de ¾ de campo. La inteligencia del valenciano, las jugadas por banda derecha de Alberto Benito o el resurgir de Zozulia, harán que pronto se dejen de contar los triunfos por 1-0.

Albacete, sobreponerse ante la adversidad

No obstante, aunque por el momento las victorias se hayan cosechado por la mínima, es de admirar como el Albacete ha conseguido adaptarse a la situación para darle la vuelta al problema. Y es que eso es casi un sello personal de Ramis que ya se plasmó la temporada pasada en su fútbol. La principal característica de su equipo era su versatilidad: podían cambiar su estilo en función del equipo que había en frente para sobreponerse ante la adversidad.

Algo parecido es lo que ha hecho el equipo manchego este curso. Solucionar la falta de gol con victorias por la mínima, fortificando la portería y rentabilizando sus llegadas. Pero lo ha hecho tantas veces que va en contra de la lógica. Porque el Albacete se empeña en llamar la atención, y pase lo que pase, también se empeña en estar arriba.

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