Una sucesión de acontecimientos inesperados negativos tan sólo puede suponer una señal de alerta. Y en el Real Oviedo huele a autodestrucción. De un tiempo a esta parte, demasiadas salidas tanto en staff técnico como en el directamente relacionado con lo deportivo en las altas esferas. Malos augurios. El equipo despierta, algo que no parece respaldado por la estabilidad interna.

Real Oviedo

Portada dedicada al regreso de Michu en Abril


Podríamos hablar de los cambios en el banquillo. En dicho sentido, encontraríamos a un Juan Antonio Anquela superado por los acontecimientos. Por la confección de la plantilla, por el cuidado del césped, incluso por el ruido mediático. Tras él, un Sergio Egea que pareció traer viveza para terminar sucumbiendo a las evidencias.

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Y ahora, Rozada, que al menos ha logrado dotar de personalidad y alma al equipo sobre el césped. Pero los problemas van mucho más allá de lo que se puede visualizar por la pequeña pantalla.

Real Oviedo, sin estabilidad institucional

La salida de Del Olmo fue el primer golpe al corazón azteca de los carbayones. Castigado, desgastado por el paso del tiempo, el ex internacional mexicano finalmente salía del club por asuntos personales. En cualquier caso, la sombra de la duda sobre su labor ya se había posado sobre el hombre cuya mano se notó en el regreso de los asturianos al fútbol profesional.

La realidad actual es que, en las últimas temporadas, si el Oviedo buscaba el ascenso la confección de las plantillas dejaba lagunas que han frenado tal ambición.

La autodestrucción continúa

En cualquier caso, los bandazos en el aspecto institucional no se detienen en la salida de Del Olmo. Ya en el pasado abril se produjo la salida de Martín González, siendo su sustituto un mito absoluto del oviedismo como lo es Michu.

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El ex futbolista llegó en aquel momento como Director Deportivo y sólo siete meses después se despide del Carlos Tartiere. Un destello más que hace sospechar que la autodestrucción a orillas de ‘El Requexón’ se sigue fraguando.

Las almas oviedistas pueden lamentar la salida de un emblema para su gente. Aunque también, como fieles carbayones, anhelarán que la estabilidad regrese al club de sus amores. Es momento de alzar el corazón azul y remar en la misma dirección para devolver la estabilidad al Real Oviedo.

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