Apuntaba José María Gutiérrez, ‘Guti’, tras empatar en el Martínez Valero, que su equipo no tenía un problema de calidad. Lo tiene, y quizá excesivo, de personalidad. El técnico madrileño, escaso de experiencia profesional en los banquillos, conoce bien el significado de madurar a marchas forzadas. Él, que tan joven dio el salto a la primera plantilla del Real Madrid como futbolista. Él, que tuvo que aprender a convivir con los focos mediáticos sobre su espalda. Guti es perfecto conocedor del sentimiento que se interioriza al ser joven, pero a la vez tremendamente exigido. En esa situación vive, hoy por hoy, la plantilla de la UD Almería.

Guti

Guti, dando instrucciones en su estreno | Libertad Digital


Es momento de madurar. De dar un paso al frente. Los futbolistas del Almería tienen que adelantarse a su tiempo para forjar una personalidad impropia de su edad. Y es que la de la UD Almería es la plantilla más joven del campeonato liguero. En la categoría de plata, no existe una plantilla con menor media de edad.

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Y sin embargo, es un grupo de jugadores a los que se les presupone una calidad por encima de la media. Las medias, concepto estadístico que en este caso encuentra polos opuestos en cuanto a clase y juventud. El pasado verano aterrizaron en el equipo almeriense jugadores a precios astronómicos. Sin embargo, por edad, no están en el momento de asumir la responsabilidad de grandes objetivos. Este es el caballo de batalla con el que debe lidiar Guti. Y con el que antes lo hizo Pedro Emanuel, seamos justos. Forzar la madurez de un grupo quizá servido del talento suficiente para optar al ascenso, pero lejos en cuanto a personalidad.

Guti, un instructor con experiencia propia

Encontramos por lo tanto la criptonita de un equipo al que un jeque quiere convertir en invencible sin importar las vías para conseguirlo. Y ese punto débil se encuentra en la juventud. Ese que también pudo pesar al técnico en sus primeras andanzas como fubolista profesional. En dicho sentido, más allá del estilo del que quiera impregnar a su bloque, Guti cuenta con la ventaja de haber transitado en primera persona por las dificultades que sus pupilos afrontan en estos momentos. Se convierte en un instructor con experiencia propia, de la cual deberá armarse para ayudar a sus chicos a alcanzar una personalidad de la que actualmente carecen.

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Y es que el sello futbolístico del canterano madridista ya se atisba, levemente, en las puestas en escena del Almería. Ocurrió ante el Real Zaragoza. Los chicos saltaron al césped con una idea de juego clara, buscando el dominio del balón y dañar al rival con él. Emplenado una presión alta con la que tratar de robar en campo contrario y sorprender a los maños. La carta de presentación una semana después en el Martínez Valero fue incluso de mayor postín. Los primeros minutos, el conjunto rojiblanco dominó y encerró a su rival únicamente a través del dominio del balón y los espacios. Con ímpetu, derroche físico y las ideas muy claras. Sin embargo, y en ambos encuentros, el equipo pareció perder su identidad ante la mínima reacción rival.

Un Almería frágil mentalmente

Tal respuesta a la adversidad es la que denota una alarmante ausencia de personalidad. El equipo asimila los conceptos de su técnico, los pone en práctica y parece arrollador. Sin embargo, no es capaz de ofrecer continuidad al juego. Si el rival ofrece una primera resistencia, el plan se desvanece y el equipo se protege para terminar jugando a algo diferente a lo que pretende.

Por ello, Guti tiene ante sí un reto no sólo futbolístico, sino también anímico. Como él mismo afirma:

“Tenemos grandes jugadores, que son muy jóvenes, que les falta personalidad para en momentos determinados atreverse a hacer cosas que no hacen. Por calidad no es, pero sí por personalidad y atrevimiento”

Para un equipo que quiere ganar siempre, el reto es mayúsculo. Para un club al que no le sirve nada más que el ascenso directo, a ser posible sin sufrimientos, la cima se atisba demasiado lejos. Un camino al cielo realmente sinuoso. Un desafío que no se alcanza en el campo cogiendo amapolas, sino a través de un trabajo físico y psicológico descomunales. El objetivo, desde ya, debe ser uno: forzar la madurez del grupo.

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