Hace un mes escribíamos unas líneas no demasiado esperanzadoras sobre el equipo jabato. Se hablaba de un equipo un tanto perdido y sin comandantes. Sin embargo, con el paso de las jornadas, el Mirandés ha mejorado sus prestaciones y ha optimizado al máximo todos sus recursos.


La situación es ahora radicalmente opuesta: tres victorias consecutivas, una derrota en los siete últimos encuentros. Y un equipo que sabe muy bien a lo que juega. Y todo esto se ha basado en la regularidad, la confianza en una idea, la constancia y la consistencia, cuatro adjetivos indispensables para triunfar en una categoría tan imprevisible como es La Liga SmartBank.

Mirandés

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Mirandés, control de los tiempos

Muchas de las críticas apuntaban hacia Andoni Iraola, pero el técnico ha demostrado una entereza y una gestión de grupo notables. Siendo fiel a sus ideas iniciales, las mismas que en el arranque de la competición no acababan de funcionar en Anduva, ha logrado ese cambio que necesitaba el equipo. Ahora la perspectiva es totalmente diferente. Han puesto tierra de por medio con los puestos de descenso y la sexta plaza está a solo dos puntos. Queda claro que el objetivo sigue siendo la permanencia, pero se vive mucho mejor sin la obligación de ganar para no caer al precipicio.

Equipo con alternativas

A día de hoy aún resulta complicado hablar de un once tipo en Miranda de Ebro. Pero lo que a principios de liga parecía un problema importante ahora se ha convertido en un activo más. Siguen apareciendo novedades en prácticamente cada partido, pero el nivel del equipo no decae, más bien todo lo contrario. Dos ejemplos muy claros: Sergio González Íñigo Vicente. Del primero se dudaba acerca de su nivel para una categoría tan exigente como esta, mientras que el segundo era mero testigo desde la distancia de la pobre trayectoria de su equipo. Uno es ahora el líder de la zaga rojilla y el otro lleva tres partidos consecutivos viendo portería.

Leer más | ‘Sin comandantes’

Mientras tanto, los Jon Guridi, Antonio Sánchez Marcos André siguen creciendo y aportando al conjunto. Pero con la diferencia que ahora esas aportaciones son todavía más notorias gracias al trabajo de muchos otros compañeros.

Sin techo y sin presión

Lo mejor cuando estás en la cresta de la ola suele ser no mirar hacia abajo. En Anduva no hay que obsesionarse con cotas más o menos altos, pero tampoco se debe caer en el conformismo. Hay que seguir trabajando, partido a partido, con la ventaja de tener ahora un escenario favorable. Un equipo que juega sin presión y que más allá de los nombres, ha demostrado ser capaz de competir y vencer a cualquier rival.

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