Llegó para hacer crecer al Huesca y a sí mismo, pero sobre todo con la intención de conseguirlo a base de un fútbol de toque vistoso y atractivo. No, no es comparable al Milan de Arrigo Sacchi, pero el trabajo realizado por el técnico empieza a surtir el efecto necesario para presentarse como un claro candidato a los puestos de ascenso a Primera División. Míchel anhela que su Huesca vaya a más. 


La SD Huesca de Míchel ha crecido en todos los aspectos desde su aterrizaje en la capital altoaragonesa, aunque no lo ha tenido fácil. Cada semana ha convivido con dudas sobre sus planteamientos, decisiones y declaraciones. Sin embargo, el madrileño ha sabido transformar todo ello en resultados positivos y un equipo enchufado al 100% a base de una ambición al alcance de pocos. Los datos, más allá del juego, lo demuestran con la última victoria ante el Alcorcón, que lo coloca como el segundo equipo que más encuentros ha ganado (10).

Míchel

El Huesca celebra un gol ante el Alcorcón | Foto: LaLiga

¿Presión o posesión?

Algo que ha caracterizado y ha funcionado al conjunto azulgrana desde el comienzo de temporada es la posesión, más concretamente como local dados los puntos que ha logrado hasta ahora: un total de 23. Así, El Alcoraz ha presenciado hasta ahora solo una derrota y un empate tras nueve encuentros, convirtiéndose en uno de los mejores anfitriones. No es lo único, pues la presión alta le ha servido para imponer un elevado grado de dificultad a todo rival que se preste a plantar cara.

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Para ambos factores, la ausencia de futbolistas de calidad hubiese convertido su planteamiento en una quimera, pero no ha sido así para su suerte. A la regularidad de Mikel Rico y Mosquera en el centro del campo se le sumó un Juan Carlos en gran estado de forma mientras Eugeni esperaba su oportunidad. Ahora, ha demostrado que todos son compatibles en el verde para la idea de fútbol que pretende empapar a los suyos. Bien cubiertas las espaldas y con una notoria calidad individual, la verticalidad y el ritmo alto van cada vez más de la mano. Todos a una.

Pendientes del balón parado y el juego aéreo

Imposible olvidar el momento por el que pasan tanto el guardameta Álvaro Fernández como la defensa. Nueve porterías a cero ratifican el acierto de ambas líneas, completamente entendidas entre ellas y diferenciales. Si antes era Sá, ahora es Datkovic quien ha cogido el testigo al portugués para convertirse en la pareja zaguera de Pulido. Siempre bien acompañados por las bandas, el míster ha encontrado en Miguelón, Galán y Luisinho tres laterales de garantías para afrontar los partidos como local o visitante.

De todas formas, si hay algo que todavía debe mejorar es la solidez a balón parado y el juego aéreo. Ofensiva y defensivamente, el Huesca está encontrando grandes dificultades para sobreponerse en dicha faceta. Por envergadura y altura no hay excusa, sino ciertas desconexiones que generan despistes en momentos inesperados. A los números es posible remitirse, sobre todo a los goles encajados recientemente ante el Lugo o Fuenlabrada. Y a pesar de ello, estamos ante el conjunto menos goleado.

Míchel

Datkovic pugna por un balón ante la Ponferradina | Foto: LaLliga

Con Míchel, una identidad propia y muchas alternativas

Los distintos perfiles de jugadores reflejan todo lo que tiene en su mano cada jornada. Probablemente, la plantilla de esta SD Huesca sea una de las más compensadas de Segunda División. No resulta sorprendente hablar de 15-16 titulares que han captado su rol según las circunstancias y el mérito en base al esfuerzo. Escriche, Okazaki, Raba o Ferreiro… Desborde, gol, transiciones… Todos ellos se han mostrado fieles a las órdenes de su líder, completamente conscientes de la igualdad de condiciones y de una enorme competencia en todas las posiciones.

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Por encima de todo ello, la mejor de las noticias posibles es la complicidad del equipo y la consecución de una identidad propia. El Huesca de Míchel podrá ganar, empatar o perder, pero se trata de equipo reconocible de ideas muy claras que sabe a lo que juega. El conjunto azulgrana empieza a encontrarse cómodo y sentirse como un rival digno para aspirar a todo. De momento, el trabajo está dando unos frutos basados en la ambición, la meritocracia y un estilo personal.

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