No fue un verano fácil en Martiricos. Tampoco otoño trajo consigo la alegría. Nada más lejos de la realidad, pero… con la llegada del invierno, el aparato parece funcionar de una vez por todas. El Málaga CF emite señales de vida.


A la espera de que una buena racha de triunfos ratifique la mejoría en cuanto a sensaciones, se puede decir que Víctor Sánchez del Amo ha dado con la tecla. La tarea ha sido ardua, imposible si el factor paciencia no hubiera entrado en la ecuación.

Pese a que el Málaga ocupaba puestos de descenso a 2ªB y los puntos no llegaban a la Costa del Sol, la dirección deportiva del club malacitano decidió mantener la fe ciega en Víctor. Un técnico carismático que desprende confianza y seguridad en su trabajo y que, finalmente, ha podido trasladar esas virtudes a su equipo.

Víctor Sánchez del Amo, personalidad y confianza

El madrileño decidió seguir tras quedarse a las puertas del ascenso la pasada temporada aún sabiendo que el objetivo iba a cambiar radicalmente y todo apunta a que su sitio en el banquillo del Málaga tiene garantía hasta que él desista.

Una de las razones de este cambio de mentalidad en el club en cuanto a ser paciente con el trabajo es que el conjunto boquerón ha competido en todos y cada uno de los partidos a pesar de realizar un primer tramo de campaña pésimo numéricamente hablando. El estilo de Víctor, siempre atractivo y vistoso para el espectador, potencia la calidad de aquellos que juegan con el esmoquin puesto, pero también puede resultar temerario a la hora de defender.

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Bloque medio-alto, largas posesiones en busca de espacios, movilidad arriba para generarlos y profundidad en los laterales. Esta suele ser la carta de presentación del Málaga en la mayoría de los escenarios a los que ha tenido que enfrentarse este curso.

Paradójicamente, pese al empeño de Víctor en esta propuesta de juego, la mayoría de los puntos han llegado de la mano de la pizarra: a balón parado. Esas situaciones tan infravaloradas en el fútbol en las cuales el nivel entre los equipos combatientes se iguala o incluso se torna en contra del “superior”.

Un Málaga CF con estilo definido

La insistencia en esta idea de juego y la consolidación de un bloque semana tras semana ha conducido a que en La Rosaleda la satisfacción vuelva a brillar por su presencia.

Munir ha agarrado la portería con uñas y dientes y, por delante, parece que el entramado defensivo comienza a tener una forma más reconocible. Diego González y Luis Muñoz pujan por ganarse la titularidad junto a Luis Hernández, clave en los saques de banda en campo contrario. Una catapulta tiene menos potencia que el madrileño.

En el flanco izquierdo, Mikel Villanueva parece haberse hecho un hueco en el 11, empujando hasta la posición de extremo a su compañero Juankar, cuya espalda era un peligro para el Málaga en cada partido. En el otro lado, Cifu y sus transiciones son indiscutibles. Su derroche físico, impagable en cada choque, le permite abarcar toda su banda, e incluso apoyar en el medio. Normal que luego no le dé para salir bien en la foto…

Málaga CF

Cifu, inquietud constante

En la sala de máquinas, tras numerosas probatinas sin éxito, Víctor ha encontrado el equilibrio plantando un doble pivote. Adrián González, especialista a pelota parada, es el encargado de cambiar el ritmo de las posesiones, tirando diagonales y filtrando pases que sorprendan desde atrás. La tendencia de Adrián a asomar por el balcón del área obliga a Víctor a colocar a su lado a un guardaespaldas de garantías: Keidi Bare. El albanés es puro dinamismo y se encarga de sostener y mantener espacios ocupados para dificultar la salida rápida del rival. Su capacidad de recuperación y la omnipresencia que alcanza en cada partido es uno de los pilares fundamentales de este Málaga.

Una segunda línea amenazante

Con mucha más libertad que los mencionados, campan a sus anchas desde la segunda línea jugadores como Keko, Juankar, Dani Pacheco (sí, el hombre “ascenso”) o la revelación del curso en Martiricos: Antonio Cortés Heredia.

Nació a los pies de La Rosaleda y él es ahora el encargado de ponerla en pie cada partido a base desequilibrio, entrega y calidad. Uno de esos jugadores que exprimen al máximo cada opción de contactar con el balón. Pocos creen en sus posibilidades tanto como Antoñín cree en las suyas. Qué gran noticia para Víctor la positiva irrupción del “gitano”, que pese a haberse acomodado en la banda derecha también ha completado buenas actuaciones en punta de lanza.

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Ese puesto en la delantera también parece haberse cubierto con la presencia de Armando Sadiku, compatriota de Keidi con el que, salvando las diferencias, comparte ese nervio y garra característicos de todo jugador albanés. No es un “9” excesivamente goleador, pero su trabajo de espaldas a portería y sin balón es encomiable. Siempre suma.

Evidentemente el paso de los partidos traerá consigo variaciones en el 11 de partida pero por lo pronto, parece que Víctor apostará por la estabilidad en busca de la tranquilidad en esta Liga SmartBank. José Rodríguez, Boulahroud, Juanpi, Álex Mula o Hicham deberán esperar su oportunidad.

Aún quedan obstáculos que sortear

Que el Málaga sigue inmerso en una situación comprometida a nivel clasificatorio, sí. Que con 20 puntos, el colchón sobre el descenso es tan inestable que cualquier descuido puede ser el detonante para volver a caer, también. Pero en el caso de que vuelva a suceder, el colectivo con Víctor a la cabeza ya sabrá cómo reponerse. Ha demostrado que sabe. Y, sin duda, la mejor noticia es que el club ha elegido construir antes que el camino de la autodestrucción. Tenemos Málaga para rato.

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