El espacio y el tiempo. Dos conceptos relacionados inseparablemente. La búsqueda de la ocupación perfecta de ambos podría desembocar en fenómenos asombrosos. En el contexto futbolístico, especialmente en fase ofensiva, lograr encontrar los espacios en el mínimo tiempo puede suponer el factor diferencial para el gol. Darwin Núñez se encuentra inmerso en dicho objetivo. Si el explorador alcanza su tesoro, estará un pasito más cerca de la excelencia como delantero.


Y es que el charrúa llegaba a Almería envuelto en expectativas elevadas. Una pesada losa, la de la exigencia, cimentada en un precio desorbitado. Su juventud, un escollo más en el camino que lleva al liderazgo de un club al que ya sólo sirve el ascenso.

Darwin Núñez

Darwin Núñez celebrando con sus compañeros | BeSoccer

Desconocido para el gran público a este lado del charco, si algo se presupone a Darwin Núñez es proyección. Convocado en varias de las últimas convocatorias de la selección absoluta uruguaya, virtudes debe acumular para haber llamado la atención de un técnico del prestigio de Tabárez.

Darwin Núñez, ecuación del espacio

A primera vista, descubrimos en Darwin Núñez la planta de un delantero plural. Futbolista de estatura, espigado, aunque de musculatura marcada, no encontramos frente a nosotros al típico delantero tanque. Tampoco a ese que fija defensas, aquel que con su cuerpo baja balones largos y desahoga el juego de su equipo. Aquel que esperase ese modelo de futbolista, no lo encontrará en el charrúa.

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No por ello estamos ante un delantero inofensivo. En absoluto. A sus 20 años, Darwin Núñez se encuentra inmerso en la ecuación del espacio-tiempo. La teoría de la relatividad trasladada al deporte rey. Explotar los espacios creados a la espalda de la defensa rival. Minimizar el tiempo a través de su velocidad.

Un proceso de adaptación prolongado

El delantero uruguayo aterrizó de la mano de Turki a orillas del Juegos Mediterráneos. Y con ello, debió enfrentarse a dificultades. Añadidas a la presión de las expectativas, se presentaban una adaptación compleja, tanto futbolística como grupal. Para completar el cóctel adaptativo, Tabárez le llamaba para acudir a diversas convocatorias con su selección.

“Y en ataque, da la impresión de ser un depredador de espacios. De manejar el arte del desmarque en ruptura. Y de interiorizar capacidades reservadas para los grandes arietes”

La consecuencia directa, que la aparición del delantero estrella del proyecto de manera regular se postergase. Apariciones esporádicas desde el banquillo, escasas señales de fútbol y un estado físico muy distante al óptimo.

Goteo de goles y progresivas virtudes

Sin embargo, paulatinamente entraba en dinámica. Poco tardó, alcanzado un nivel físico adecuado, en emitir señales de esperanza a la parroquia rojiblanca y a la afición de la categoría de plata. Generoso en el esfuerzo, implicado en los objetivos colectivos. Darwin Núñez es de aquellos que colabora en fase defensiva con una presión constante y consistente. Incluso, si la situación lo ha requerido, ha ejercido labores defensivas en repliegue, vigilando las incorporaciones del lateral contrario.

Y en ataque, da la impresión de ser un depredador de espacios. De manejar el arte del desmarque en ruptura. Y de interiorizar capacidades reservadas para los grandes arietes. Darwin Núñez, ahora que acumula minutos en nuestra categoría, comienza a aparentar ser de otra especie.

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Aunque eso sí, le falta la continuidad y el sustento del gol. Aquello de lo que viven los delanteros y, no olvidemos, él lo es. Sin embargo, todo aquello que desprende en escasas semanas, posee un aura especial.

Lo mejor, lo que está por venir

Y así, ha alcanzado en Fondo Segunda el galardón de Jugador Revelación de Noviembre. Porque aquí, en España, el charrúa era un gran desconocido. Las expectativas, grandes. Lo mejor, está por llegar. Y estamos ansiosos por disfrutarlo.

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