Persona que emplea ciertos conocimientos y prácticas con los que pretende conseguir cosas extraordinarias, gracias a la ayuda de fuerzas sobrenaturales. Es una de las acepciones de la palabra “mago”. En las próximas líneas, trataremos de argumentar los motivos por los que José Ángel Pozo puede ser considerado un mago del balón. Uno insultántemente joven. El malagueño lo tiene todo para terminar triunfando. Su historia continúa escribiéndose.


“Ahí está el del anuncio del Cola Cao”. Una frase que ha perseguido al bueno de José Ángel Pozo desde su estancia en tierras inglesas, en las filas del Manchester City. Que un club como el británico se fije en ti no es producto de la casualidad. No suele serlo. Analizado con la perspectiva que el transcurso del tiempo arroja, convendremos que así es también en el caso de Pozo. O de Maffeo, que compartía con el costasoleño colores en la ciudad de Manchester. No, Pozo no era uno más. Ni por asomo un jugador del montón. Las cualidades futbolísticas innatas desbordan al futbolista. Aún así, había mucho por moldear. Mucho trabajo por delante. Ya va quedando un poco menos.

José Ángel Pozo, progresa adecuadamente

Su regreso a España se produjo en un club que, por entonces, pretendía regresar a la élite por la vía rápida. Y él fue la guinda que el Almería pretendía poner al pastel que había cocinado con tal fin. La temporada en tierras andaluzas no fue lo que todos esperaban. Tampoco lo fueron las siguientes, en las que, aunque a muchos les haya costado reconocerlo, y a otros se les haya olvidado, Pozo fue el único halo de luz que arrojaba un equipo en constante coqueteo con el descenso. José Ángel Pozo era calidad, clase, regate, desborde, explosividad, conducción y visión de juego. Lo era casi todo en el conjunto rojiblanco, aunque no pudiese desdoblarse para convertirse en aquel que daba el pase de gol y también aparecía para anotarlo. Le faltó compañía.

José Ángel Pozo

Pozo, el mago rayista | Web del Rayo Vallecano

También le faltaron otras muchas cosas, no pretendamos engañarnos. Especialmente cuestiones relacionadas con lo físico. José Ángel Pozo jamás fue un arma poderosa en la presión elevada de su equipo, como sí se convirtió en ello, muy poco después, Juan Carlos Real. Más bien todo lo contrario, en dicho contexto el malagueño era más un lastre que una vela en el barco. Además, siempre le costó al menudo futbolista aguantar físicamente los 90 minutos de un encuentro a un alto nivel. Siempre parecía lejos de la capacidad de resistencia en los esfuerzos. Sin embargo, todo ello parecía suplirlo con su clase.

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El control, la conducción, el regate, la cabeza arriba para buscar los espacios y la magia en sus botas para encontrarlos. Una capacidad inusual para usar su cuerpo a modo de protección del balón y de su entorno, el último toque al esférico con la finura que se supone a los elegidos. José Ángel Pozo era capaz de encontrar las grietas en las paredes más rudas y resistentes. Caviar para los sentidos.

El adiós a su casa, sin ruido

Escaso ruido produjo su marcha de Almería. El Rayo Vallecano, que llevaba tiempo tras sus pasos, apareció en el camino del jugador, colocando frente a él la oportunidad de escalar hacia la élite. Las ganas de dar ese salto de Pozo y la promesa recibida por parte de Alfonso García eran inexcusables motivos para ese trasvase. Míchel, ahora en el Huesca, no lo dudó. Quería la magia a su disposición.

A José Ángel Pozo le costó adaptarse a la máxima categoría. El ritmo era distinto, las marcas eras diferentes, todo adquiría una dimensión mayor. Sin embargo, como siempre, la calidad se terminó imponiendo. A mitad de camino en la temporada, el mediapunta logró encontrar su espacio en el Rayo y en La Liga. Su rendimiento fue creciendo y sus virtudes, anteriormente descritas, irrumpiendo. Partidos como el que realizó ante el FC Barcelona en Vallecas lanzaron definitivamente a Pozo, de tan sólo 21 años, ante los ojos del gran público.

Regreso a la categoría de plata

No esperaba José Ángel Pozo regresar de una forma tan prematura a la categoría de plata. Sus méritos, e incluso por muchas fases los de su equipo, el Rayo Vallecano, estuvieron a la altura de la élite. Pero la continuidad, esa gran losa que asola también al futbolista malagueño, fue esquiva. Ambos, de la mano, han regresado a Segunda, con Paco Jémez a los mandos, en principio envueltos en el desconcierto.

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Ni el club ni el futbolista han parecido aceptar que habían regresado por la vía rápida al lugar del que, por separado, procedían. Ahora, juntos, es momento de despertar, de aceptar el reto, buscando que el retorno a la liga de las estrellas sea inmediato. Ante la SD Huesca de su anterior entrenador, Míchel, José Ángel Pozo volvió a recordarnos a ese futbolista mágico, diferente, especial y determinante que habíamos conocido y que parecía dormido en este tramo inicial de temporada. Ese que, bien rodeado, como lo está en el conjunto de la franja, puede ofrecer victorias y acercar a los grandes objetivos a su equipo.

Un José Ángel Pozo más maduro, con mayor personalidad, asentado y mejorado. Un futbolista que, a sus 22 años, puede marcar el camino del futuro del club de Vallecas. Se abre la puerta para volver a enamorarnos del fútbol puro y poético de un mago del balón.

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