Agradecidos, pero no hipotecados. Eloy Jiménez llegó a Lugo y consiguió el objetivo, la permanencia. En consecuencia, tomó el proyecto de la nueva temporada desde el inicio. Preparó un proyecto propio. O todo lo propio que puede serlo en Lugo. Y arrancó desde cero con una plantilla que, con sus carencias, contaba con mimbres para poder crear proyecto y estilo. 


Crear un proyecto conlleva diversidad de tangibles e intangibles. Definir un estilo y actuar en consecuencia. Tomar decisiones y direcciones que casen con la idea que se pretende perseguir. Algo se ha perdido por el camino.

Eloy Jiménez

Portada para la renovación de Eloy | Diseño de Juan Diego Tejera

Si no es así, aún es peor imaginar el sendero que se había trazado. Y es que no sólo es imprescindible elegir la hoja de ruta, sino también nutrirse de los elementos necesarios para seguirla.

Eloy, una idea insuficiente

El Lugo se terminó salvando la pasada temporada sobre una idea conservadora, la que requería el guión. No era momento para florituras. Tocaba apretar y aguantar la respiración, nadar y guardar la ropa. Rascar los puntos necesarios para salvar la categoría, protegiéndose y aprovechando como si fuesen oro los zarpazos a la contra.

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Se alcanzó el objetivo y Eloy pudo elegir virar su idea. Sin embargo, pareció quedar viciado por ese tramo final que fue un mal trago en realidad. El Lugo quedó congelado en un discurso timorato, en un camino por el alambre interminable. Un fútbol de carácter defensivo, en el que no recibir se convertía en objetivo único. Fracasado dicho objetivo, no ha existido alternativa. Sin plan B, ni C, ni ningún otro.

Altibajos, valles y realidad

En tal contexto, han existido fases, valles y oasis en el desierto. Quizá por ello, sólo por ello, la agonía se ha alargado. De hecho, a inicio de noviembre lograba 9 de 12 puntos y alejaba el descenso a cinco puntos. Parecía notarse la mano del técnico. Y es que, si algo hay que reconocerle al entrenador, es haber sido fiel a su idea sin ningún quiebro.

“El Lugo quedó congelado en un discurso timorato, en un camino por el alambre interminable”

Fue un valle, un oasis en el desierto. Esa excepción que cumple la regla. Y es que el Lugo ha dejado la misma sensación de equipo ramplón en cualquiera de los estadios que ha visitado como en el suyo propio. El Anxo Carro ha asistido perplejo, partido tras partido, a un espectáculo en el que su equipo se limitaba a tratar de evitar la derrota. Un objetivo entendible a domicilio, condenable como local.

Eloy Jiménez, discurso insostenible

Así, el Lugo ha consumido la mitad del campeonato sin aún haber definido la forma en que entiende que puede dañar al rival. Cualquiera que sea. Con Pita, Seoane, Tete Morente, Borja Domínguez, Álex López… Una serie de jugadores caracterizados por el buen trato del balón, el fútbol asociativo, la combinación y la posesión, el Lugo juega a algo que no define a sus futbolistas.

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Eloy Jiménez dio continuidad a un estilo ultradefensivo que le ayudó en las urgencias. Y sin embargo, se rodeó de futbolistas antagónicos. Sí, era insostenible. Porque el bosque cegó la mente, ahogó el valor. Se busca líder capaz de dotar de valentía a un equipo huérfano de ella.

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