Expectación e ilusión. Efectos colaterales del aterrizaje de Turki Al-Sheikh en Almería, de la llegada al club y la ciudad de una inyección de adrenalina totalmente inesperada. Darwin Núñez, la primera clara apuesta del propietario árabe. Una adaptación paulatina a su nuevo hábitat hasta comenzar a mostrar las razones para ese primer gran fichaje.


El uruguayo aterrizó en Almería pletórico, con una sonrisa que parecía reflejar la plena confianza en sí mismo del charrúa. El perfil marcado de un futbolista llamado a alcanzar metas elevadas.

Darwin Núñez

Darwin Núñez | Diseño por @SweetDreamsdc

Darwin Núñez, inicios titubeantes

Tras una negociación compleja, y traspaso astronómico mediante, llegaba a tierras andaluzas. Un delantero desconocido en el viejo continente, alejado de la planta asociada al delantero clásico. Por altura, por envergadura, no posee las cualidades naturales de ese ‘9’ exclusivamente rematador. Y esto es algo que se pudo observar en el mismo momento en que bajó del avión.

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Darwin necesitaba un período de adaptación. Y ser convocado por Tabárez para la selección absoluta no contribuyó a acelerar el proceso. Coger el tono físico, los automatismos y encontrar el sitio en una plantilla renovada también serían retos que terminarían retrasando la irrupción del charrúa en el once.

De la decepción a la expectación

En tal contexto, y dados los precedentes especialmente económicos, las primeras sensaciones no fueron prometedoras. Darwin aparecía con cuentagotas y no terminaba de conectar con el juego, con el entorno. Daba la sensación de encontrarse en peligro de extinción, valga la expresión. De poder diluirse superado por los acontecimientos.

Darwin Núñez

Darwin, tras un esfuerzo | Imagen: Ideal

En un ecosistema nuevo, el uruguayo tenía que encontrar su sitio en la selva. Ese en el que poder alimentarse, o más concretamente, retroalimentar sus condiciones naturales. Pronto se pudo adivinar que su capacidad de desmarque era aquella con la que conquistaría la retina del espectador. Pura adrenalina.

La continuidad, camino a la consagración

La llegada de José María Gutiérrez al banquillo supuso un antes y un después. La continuidad fue bendición y con ella llegó la explosión de virtudes de Darwin Núñez. Aquel delantero prometedor, cuyos videos llamaban a la esperanza, era una realidad. Cada nuevo partido, un nuevo paso, y cada uno de ellos más largo y seguro que el anterior.

El dominio del espacio entre las defensas rivales es insultante en un jugador en constante desmarque. Una amenaza continua para el contrario, que ha de estar pendiente de sus movimientos porque cualquier despiste es penalizado. Sin eludir el contacto, aunque alejándose de sus marcadores para hacer daño al espacio.

Indetectable, Darwin Núñez destroza la última línea con inteligencia. Paciente y con exactitud milimétrica, elude las adversidades y las distancia con una velocidad inusitada y asombrosa. Tanto sin balón -cualidad predecible- como en conducción, siendo esta última la virtud de mayor peso en la definición del uruguayo.

Darwin Núñez, proyección imparable

Y definición es precisamente aquello que había parecido ausentarse en la carta de presentación del delantero charrúa. Todo señalaba a Darwin Núñez como un excelente delantero, salvo el gol. Pero éste también terminó apareciendo. Y unido a él, muchas otras cualidades, aptitudes y actitudes para soñar en un gigante.

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Y es que a su inmensa capacidad de desmarque, suma Darwin exquisitez en el control, brillantez en la técnica y dominio de balón. Paciencia y serenidad, en contraste con la potencia o violencia de golpeo de un delantero total. Una proyección imparable, con una juventud insultante. Darwin Núñez ha llegado para quedarse.

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