Manu García Alonso volvía a Gijón el 19 de julio. Volvía a su casa tras años de periplo futbolístico, de falta de confianza en el City de Pep y numerosas cesiones. La ilusión era muy grande, y la parroquia rojiblanca por fin lo veía con sus propios ojos tras largos días esperando el anuncio oficial. Los 4 millones desembolsados parecían pocos por la alegría que suscitaba. Y la afición no faltó en acudir a la cita de su presentación.


Esta temporada parecía ser la indicada para volver a Primera. Un entrenador de la casa y que también ilusionaba como José Alberto. El retorno de jugadores como Javi Fuego o Borja López también ayudaban a la euforia en Gijón. Pero la pieza clave era Manu, era la vuelta del hijo pródigo. Nadie dudaba de que este equipo iba a dar muchas alegrías, que era de las más preparadas de los últimos años, y que Manu García sería el faro que los tendría que guiar.

Manu García recibiendo instrucciones de José Alberto en el partido ante el Albacete.

Un arranque dubitativo

Comenzaba la temporada, y no era el arranque que se deseaba. Los empates ante Girona y Rayo no fueron justos, y habría que esperar a la tercera jornada para celebrar la primera victoria, ante el Albacete. Ahí sería el primer gol de Manu García en su vuelta. ¿Casualidad?

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José Alberto empezó poniéndole de mediocentro puro, sin participación en la zona clave del ataque, y eso le mermaba. En el primer partido que le dejó libertad, primer gran partido y primer gol. Parecía ser el despegue esperado.

Sin embargo, la dinámica del Sporting iría en el sentido contrario: más cerca del descenso que de los playoff. En esa situación de falta de juego y de resultados las individualidades no sirven. No vale de nada ser un mago con el balón si no tienes a quien pasarlo o con quien hacer una pared. La realidad mostraba a un Manu García impotente ante el nivel de juego del equipo, y es que era el único referente del equipo en la creación. Lo hacía todo él. Cuando las cosas iban mal, él era de lo poco salvable; cuando iban bien, él era el origen de todo.

Manu García, el genio de la lámpara

Con la mala marcha del club, José Alberto sería destituido. Se iba el gran valedor del jugador, quien le dio su confianza para que volviese. Pero con Miroslav Djukic, lo obvio salta a la vista, y Manu sigue siendo indiscutible. Obviando el partido de Zaragoza, gripe mediante, el ovetense volvió a demostrar su verdadero valor y calidad. Tomó las riendas del equipo, hizo de todo y anotó el gol decisivo en el minuto 86 estando en el área como si de un delantero centro se tratase.

Manu García

Manu García tratando de zafarse de Gonzalo Verdú en el partido de ayer ante el Elche.

No cabe duda de que si el Sporting quiere luchar y dar un arreón para lograr entrar en el playoff, Manu García ha de ser quien guíe al club. Las esperanzas de la parroquia sportinguista están puestas en él, y sólo esperan poder disfrutarle muchos años. Y es que es uno de esos genios que salen sin ni siquiera tener que frotar la lámpara.

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