Hay momentos en una temporada en los que un equipo deja de sobrevivir para empezar a vivir. En Gijón, ese punto de inflexión tiene nombre y apellidos: Borja Jiménez. Desde su llegada al banquillo del Real Sporting, El Molinón ha recuperado un pulso que parecía dormido, una energía que convierte cada partido en una declaración de intenciones. El Sporting vuelve a competir. Y en LaLiga Hypermotion, eso lo es todo.
No es una sensación etérea ni un espejismo emocional. Los números, fríos y contundentes, avalan el cambio. Entre las jornadas 9 y 19, las once que lleva Borja Jiménez al frente del equipo, el Sporting es colíder de la categoría con 21 puntos, los mismos que el Racing de Santander.
Los datos que explican la metamorfosis
Veintiún puntos de treinta y tres posibles no se improvisan. Han sido 6 victorias, 3 empates y tan sólo dos derrotas. En ese tramo de competición, el Sporting ha sido capaz de mirar de frente a cualquiera. Almería, Las Palmas y Castellón se quedan a un solo punto, con 20, mientras Málaga y Ceuta cierran el grupo perseguidor con 18. La clasificación parcial dibuja un escenario que hace semanas parecía inalcanzable y que hoy es una realidad incuestionable.
La clave no ha sido únicamente ganar más, sino competir mejor. El Sporting ha encontrado equilibrio, orden y una identidad reconocible. Ya no es un equipo que espera el error ajeno, sino uno que lo provoca.
Borja Jiménez, el arquitecto del cambio
Borja Jiménez no ha llegado a Gijón con fuegos artificiales. Su revolución ha sido silenciosa, metódica, casi quirúrgica. Ha ajustado líneas, ha clarificado roles. Y, sobre todo, ha devuelto la confianza a un vestuario que necesitaba creer en sí mismo.
El Sporting ahora sabe a qué juega. Presiona con sentido, defiende con solidaridad y ataca con una idea clara. No siempre brilla, pero casi siempre compite. Esa regularidad en LaLiga Hypermotion es oro puro. Lo que separa a los equipos grandes de los que se quedan en el camino.
El Molinón como aliado
Hay estadios que pesan y otros que empujan. Con Borja Jiménez, El Molinón ha vuelto a ser un aliado. El equipo se siente respaldado, la grada reconoce el esfuerzo y el fútbol se convierte en un pacto entre once y miles.

El Sporting ya no se rompe a la primera dificultad. Cuando encaja, responde. Cuando el partido se atasca, insiste. Esa resiliencia es una de las grandes conquistas del nuevo cuerpo técnico y explica buena parte de los puntos sumados.
El mérito de hacerlo en una Liga despiadada
LaLiga Hypermotion no concede treguas. Cada jornada es una trampa y cada rival, un examen. Por eso el mérito del Sporting adquiere aún más valor. Ser colíder en un tramo de once partidos no es una anécdota estadística, es una declaración de solvencia.
Equipos con mayor presupuesto o plantillas más profundas no han logrado sostener ese ritmo. El Sporting sí. Y lo ha hecho desde el convencimiento colectivo, no desde individualidades aisladas.
Mirando al horizonte con ambición medida
En Gijón nadie habla todavía de objetivos mayores. Y quizá esa sea otra de las virtudes del nuevo Sporting: la prudencia. El camino es largo, pero la dirección parece la correcta. Borja Jiménez ha sembrado una idea y el equipo la riega cada fin de semana con trabajo y competitividad.
El Sporting vuelve a ser incómodo, vuelve a ser reconocible, vuelve a ser creíble. El Sporting ha elegido algo muy poderoso en el fútbol: competir sin complejos.
Porque cuando un equipo sabe quién es, el resultado suele llegar. Y en Gijón, por fin, el fútbol vuelve a tener sentido.







