El Almería tiene un goleador fantasma que altera el Pichichi

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Hay goles que resuenan más allá del marcador. Que nacen para cambiar destinos, para escribir páginas de historia, para reconciliar a un futbolista con su esencia. Es algo que le está ocurriendo al futbolista del Almería. A veces, sin embargo, el fútbol se permite el lujo de jugar con lo intangible, con lo que no se ve pero se siente. Adrián Embarba vive en ese umbral extraño entre lo que el césped dictó y lo que el acta todavía no reconoce.

El Almería celebra su séptimo gol del curso en LaLiga Hypermotion, pero la estadística oficial solo le concede seis. El motivo es tan excepcional como dolorosamente humano: la suspensión del duelo ante la AD Ceuta en la Jornada 13 por el fallecimiento de un aficionado. El gol subió al marcador, las redes se sacudieron, los corazones también… pero los registros han quedado congelados en un limbo.

Embarba marca, pero no “existe”. Como un susurro que solo escucha quien estuvo allí.

El renacer de un futbolista que necesitaba volver a ser él

A sus 33 años, Embarba no está ante un simple buen momento. está atravesando una reencarnación futbolística en este Almería. El extremo madrileño se ha convertido en el faro ofensivo de un Almería que necesitaba liderazgo, veneno y experiencia tras el trauma del descenso.

Su cifra de goles —7 sobre el césped, 6 a ojos de LaLiga— no es fruto del azar. Habla de un jugador que ha recuperado el descaro que le hizo brillar en el Rayo y el Espanyol, pero con una madurez distinta: ahora juega con pausa, inteligencia y jerarquía. Ha dejado de ser un agitador para convertirse en un solucionador.

Según datos recogidos de plataformas estadísticas de rendimiento como Sofascore, Embarba se sitúa entre los futbolistas más influyentes del campeonato en acciones clave por partido, en aportación ofensiva y en generación de ocasiones. No es solo el gol: es el “cómo” y el “cuándo”.

Sin póker por ahora: un gol que frena el relato del Pichichi… momentáneamente

La clasificación de máximos goleadores de LaLiga Hypermotion tiene hoy una historia incompleta. Oficialmente, Embarba figura con 6 tantos, uno por detrás del tridente que gobierna las tablas: Zakaria (Deportivo), Jeremy Arévalo y Asier Villalibre (ambos del Racing).

Si el tanto ante el Ceuta contara ya, viviríamos un póker perfecto en lo más alto del ranking. Cuatro goleadores distintos compartiendo trono, tres clubes representados, un equilibrio casi poético propio de esta categoría que vive en permanente tensión narrativa.

La UD Almería no puede contar a Embarba entre los pichichis
Foto: Ideal

Pero el destino —y el acta— han frenado ese simbolismo. Por ahora.

Qué significa para el Almería… y para el propio Embarba

Este Almería ha encontrado en su capitán ofensivo un hilo conductor en medio de la reconstrucción tras el descenso. Cada gol de Embarba es un mensaje al vestuario, a la grada y al campeonato: el Almería no va a renunciar a pelear por volver.

El impacto emocional del séptimo tanto —aunque congelado en números— alimenta la autoestima de un equipo que se está redescubriendo. Y para el jugador, el simbolismo es aún mayor: está compitiendo contra el tiempo, contra los márgenes estadísticos y contra el olvido. El fútbol, a veces, castiga con números lo que el corazón ya celebró.

Un cierre aún por escribir

El encuentro deberá reanudarse, y con él la validez oficial de ese gol. Quizá entonces Embarba recupere su número real y el relato vuelva a encajar. O quizá marque otro y convierta el debate en anécdota.

Pero hay algo que nadie puede borrar: el fútbol ya lo vio marcar. El regate, el golpeo, el vuelo del balón, la celebración… existieron. Están en la memoria emocional, que es la única estadística que nunca miente.

Cuando la temporada avance y alguien revise los números fríos, verá un dígito. Pero quienes estuvieron allí recordarán el gol que vivió atrapado entre dos mundos. Y tal vez, dentro de unos meses, celebremos que el “goleador fantasma” acabó liderando la carrera del Pichichi de LaLiga Hypermotion.

Porque hay tantos que suman y no cuentan… y otros, como Embarba, que cuentan más de lo que suman.

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