El VAR. Esa potente herramienta que aterrizó en el fútbol con la promesa silenciosa de convertirlo en un deporte más justo. El Real Zaragoza, sin embargo, sufrió una vez más los efectos negativos de su aplicación. El protagonista indiscutible fue, en esta ocasión, El Yamiq. Lo fue además porque además de ser expulsado en la jugada que centra estas líneas, había anotado el tanto para el Zaragoza y también el que daba el empate al Eibar. Fue para él una tarde de protaagonismo, deseado e indeseado.
Las cámaras y revisiones sobre acciones interpretables
El caso es que, desde que el futbolista es consciente de que todo es susceptible de ser revisado, se ha elevado aún más si cabe la interpretación de la acción. Exagerar cualquier golpe es, a día de hoy, una costumbre instaurada y aceptada. Cualquier golpe que pueda llevar a los que deciden a interpretar expulsión ha de ser llevada al extremo de la visibilidad por parte del jugador “agredido”. Lo sufrió El Yamiq en Zaragoza, que soltó un poco el brazo tras un forcejeo y vio como el árbitro sobre el campo consideraba que había agredido a su rival.
En esta ocasión fue Aleix Garrido, pero aplica a cualquiera. El futbolista de la SD Eibar nota el contacto, leve, por parte del central zaragocista y comienza la actuación. Se echa la mano al hombro, cae al suelo y da hasta cinco vueltas en el suelo. Un lance del juego, una disputa, en la que no media fuerza desmedida pero que termina con un equipo en inferioridad, ayudado por la teatralidad de un compañero de profesión, que exagera una acción para perjudicar al rival.
Las cámaras están ahí, pero los encargados de revisar las imágenes no se inmutan para ayudar al árbitro de campo. Es ya costumbre y el mundo del fútbol español acepta complaciente que la trampa se convierta en juez de la competición.
El Zaragoza, última víctima de la interpretación
La palabra clave entra en acción: la interpretación. No referida a la teatralidad del jugador, sino a lo que el colegiado interprete sobre la jugada: la intensidad y la intención. Lo que es interpretable, dicen, no es susceptible de revisión por parte del colegiado en la cámara de campo. Quizá, sólo quizá, este sea el mayor error que se esté cometiendo a la hora de utilizar una herramienta potente que debería servir para ayudar y que, aún así, en ocasiones decide no hacerlo. En Zaragoza lo sufrieron ante el Eibar.

El sentido común, al parecer, aún no aplica en el arbitraje español. No sólo no es capaz de llegar a un consenso sobre la forma en que se interpretan jugadas idénticas. Sino que, además, es incapaz de acordar que el sentido común aplique en jugadas en las que la inmadiatez puede confundir y la revisión, corregir la confusión. La última víctima es El Yamiq y su Zaragoza, aunque cada semana el espectador asiste a un sinfín de jugadas similares que se arbitran diferente y que llevan no sólo a la confusión, sino también a la desconfianza. Porque la pregunta es clara: ¿se trata de algo accidental o conviene que se alimente la polémica?







